9 de noviembre 2004 - 00:00

Marta Minujin exhibe sus esculturas y gigantismos

Pionera desde los ’60, Marta Minujin sigue entendiendo el arte como una experiencia interactiva, lo que podrá apreciarse en las obras que exhibirá en la sede porteña de la Universidad de Bologna.
Pionera desde los ’60, Marta Minujin sigue entendiendo el arte como una experiencia interactiva, lo que podrá apreciarse en las obras que exhibirá en la sede porteña de la Universidad de Bologna.
En la sede Buenos Aires de la Universidad de Bologna (Rodríguez Peña 1464), Marta Minujin presentará sus conocidas esculturas fragmentadas y una serie de portarretratos gigantes. Son altorrelieves en venecita sobre cristales de aproximadamente 2.20 x 1.40 metros, como si expusiera ventanas enormes al aire libre. La curadora de la Universidad es la profesora Lucrecia Vega.

Minujin
cursa estudios de pintura, escultura, dibujo y grabado en las escuelas nacionales de Bellas Artes Manuel Belgrano, Prilidiano Pueyrredón y Ernesto de la Cárcova.

Presenta su primera muestra individual en 1959. Al año siguiente se radica en París gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes, prolongada luego por el Gobierno de Francia hasta 1963. En París, Minujin avanza hacia las ambientaciones, y con el holandés Marc Bruse realiza «La pieza del amor» (1962) en la que emplea tela de colchones, pintura fluorescente, gomapluma, madera, resortes y cadenas; esta «obra de participación» fue expuesta en el Museo de Arte de Tokio.

Sin embargo, el happening la atrae, y organiza con Jean-Jacques Lebel, en la Galería Raymond Cordier de París, en 1963, «El gallo»; y, poco después, en un terreno baldío del Impasse Roussin, «La destrucción»: allí instala sus objetos tridimensionales e invita a hacer lo mismo a varios artistas (Christo, Élie Charles Flamand, Lourdes Castro, Mariano Hernández, Paul Gette). Despedazadas las obras, cada uno de estos conocidos profesionales crea otras en base a los despojos que han quedado, para luego quemarlas, en tanto sueltan a 500 pájaros y liberan a una multitud de conejos.

Su arte da un vuelco en esos tiempos. A mediados de 1961, expone en la Galería Lirolay de Buenos Aires. Es la materia la que ahora suscita imágenes, que la joven artista identifica con hechos de la realidad (El tapial de la calle Lavalle, Se resquebrajó el techo, Mancha de humedad en la cocina). En la misma galería, un año y medio después (1962), Minujin exhibe creaciones tridimensionales: vistas como insuficientes las posibilidades del plano que le ofrecían sus imágenes y mezclas matéricas, añade elementos corpóreos para generar en el espectador la sensación de una «presencia». Nacen de tal modo objetos y composiciones de objetos, esculturas que anuncian ambientaciones e instalaciones, como en «A la orden mi general», donde el cartón y la laca a la piroxilina sostenían una serie de botas y cartucheras.

Participa junto a otros artistas en la muestra «El hombre antes del hombre», en 1962, cuando en Buenos Aires surgen las primeras manifestaciones del Pop Art. A diferencia del estadounidense, ese Pop es más bien una etapa de tránsito hacia nuevos discursos estéticos. Minujin es líder de las nuevas corrientes que hallaron estímulo y espacio privilegiados con Jorge Romero Brest, con quien realizó Happenings y Ambientaciones (1963-70), que hoy son hitos del arte argentino. Sus «Colchones multicolores» (1964), y sus «Laberintos», como «La Menesunda» y «El Batacazo» (ambas de 1965), fueron símbolo de una época.

Desde fines de 1966 hasta 1973 Minujin se radica en Nueva York con la Beca Guggenheim, y continúa con sus experiencias de arte, tecnología y medios de comunicación de masas.

En los años '70 y '80, se destacan sus réplicas de monumentos célebres y sus esculturas fragmentadas. En el primer caso, el mencionado
Obelisco Acostado; el Obelisco de Pan Dulce, en La Rural, Palermo, 1979; la Torre de Pan de James Joyce, Rosc, Dublin, 1980; el Carlos Gardel de Fuego, en Medellín,1981; la Venus de Queso, en México,1981; y el Partenón de Libros, en la avenida 9 de Julio, Buenos Aires, 1983.

Jugaban con lo transitorio y lo instantáneo, integrando la gran metáfora en el arte de
Minujin, como tiempo y espacio de la humanidad. La activa participación social y la consumición masiva forman la base de sus audaces creaciones, tanto las efímeras -que llenan veinte años de su producción-como las permanentes, que desarrolló en los '80 y '90.

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