1 de septiembre 2005 - 00:00

"Más alla de la muerte"

Robin Williams manipula imágenes de muertos en este film fantástico, con buenas ideas pero resultados sólo parciales.
Robin Williams manipula imágenes de muertos en este film fantástico, con buenas ideas pero resultados sólo parciales.
«Más allá de la muerte» («The Final Cut», Canadá Alemania, 2004; habl. en inglés). Dir. O. Naim. Int.: R. Williams, J. Caviezel, M. Sorvino, S. Romanov y otros.

Esta película de ciencia ficción tiene una idea monstruosa y una aplicación argumental pueril. En un futuro más o menos cercano, algunas personas llevarán implantado, desde su nacimiento, un chip capaz de registrar la totalidad de los actos de su vida. Algo así como tener una cámara sorpresa perpetua en el interior del cerebro, o ser la réplica audiovisual de Funes el memorioso, con la diferencia de que esa memoria no significa un recuerdo vivo de todo lo percibido a lo largo de la existencia, sino un archivo al que el portador no tiene acceso, y cuya presencia ignora hasta ser mayor de edad (son los padres quienes deciden si implantan o no ese chip).

Los únicos capaces de penetrar y manipular ese secreto, tras la muerte de la persona en cuestión, son los «Editores», profesionales del futuro que tienen como tarea realizar un «montaje» de esa vida en apenas una hora y media. Pero semejante tecnología violadora de la intimidad sólo tiene como objeto ofrecerles a familiares y deudos, en el velatorio, una proyección de los trozos selectos de la vida del difunto.

Si se tienen en cuenta los antecedentes célebres en esta materia, desde Orwell hasta acá, cuando la privacidad del hombre está amenazada por controles gubernamentales o por cualquier otro tipo de Big Brother, resulta bastante humilde, desde un punto de vista filosófico, que ahora el espionaje sofisticado sólo tenga como fin amenizar velorios (¿por qué no usar videos caseros, solución tanto menos trabajosa y ya limpia de las indiscreciones que todo buen Editor suprime?).

En fin, si hace un esfuerzo para aceptar este dislate, al igual que algunas otras fallas de libro, el espectador puede dejarse arrastrar por una trama de apreciable tensión, que termina encontrando la forma de llevar al primer plano otro tipo de conflictos.

En esa sociedad, Alan Hakman (Robin Williams) es el Editor estrella. Parco, siniestro, con rasgos de su personaje en «Retratos de una obsesión», mientras resiste las presiones de los manifestantes «anti-chip», liderados por el ex Editor arrepentido Fletcher (Jim Caviezel), Hakman recibe el encargo de «editar» la vida de un empresario famoso. Su viuda tiene algunas sospechas, que Hakman no tarda en descubrir al revisar las imágenes del chip: el hombre molestaba sexualmente a su propia hija. Allí se pone en juego la peligrosa ética de todo Editor: servir incondicionalmente a la memoria del muerto y suprimir lo que pueda condenarlo. También esa es la piedra angular de la que se aprovechan los opositores para desatar la ofensiva final.

«Más allá de la muerte»
es un film imperfecto, con varias ideas buenas pero no siempre desarrolladas ( debilidad frecuente en una opera prima, y más de un director de 27 años), con algunas subtramas injustificadas (como la imposible relación sentimental entre Williams y Mira Sorvino). Sin embargo, es una película seductora, que seguramente dará tema de conversación a la salida del cine.

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