8 de marzo 2007 - 00:00

"Más extraño que la ficción"

Will Ferrell y Emma Thompson, en una escena de la original «Más extraño que la ficción»,en la línea de films como «¿Quieres ser John Malkovich» o «Eterno resplandor de una mentesin recuerdos».
Will Ferrell y Emma Thompson, en una escena de la original «Más extraño que la ficción», en la línea de films como «¿Quieres ser John Malkovich» o «Eterno resplandor de una mente sin recuerdos».
«Más extraño que la ficción» (Stranger than fiction, EE.UU., habl. en inglés). Dir.: M. Forser. Int.: W. Ferrell, E. Thompson, D. Hoffman, M. Gyllenhaal.

Para este film, el joven guionista Zach Helm elaboró un argumento original para tocar temas de siempre (la búsqueda del amor, el escape de la rutina, el miedo a la muerte), pero con mucho talento y detalles que remiten constantemente a Charly Kaufman (el personal autor de films como «¿Quieres ser John Malcovich?» o «Eterno resplandor de una mente sin recuerdos»).

Un reloj pulsera es el objeto que dispara la historia y también el que la cierra, marcando cada movimiento del desdichado inspector protagónico, vale decir cada cepillada dental, cada baldosa que pisa, cada escalón que sube y cada archivo de los cientos que supervisa mecánicamente, día a día. Pero el conteo monocorde un día preanuncia su muerte.

La voz en off de una mujer narra la monótona vida de Harold Crick (Will Ferrell) hasta que el espectador comprende que el protagonista también oye esa voz omnipresente y comienza a cuestionarla. Tal es su desconcierto y angustia que consulta a una psicóloga quien no duda en diagnosticarle esquizofrenia. No conforme con ese diagnóstico, el agobiado Harold se entrevista con un profesor de literatura (magistral Dustin Hoffman), que podría serle útil para averiguar si, como empieza a temer por diversas razones, alguien lo ha convertido en el protagonista de una novela. Tan apasionado por los libros como por la natación, Hoffman lo interroga exhaustivamente para concluir que, al menos, no se trata de ningún héroe ni mártir de tragedia griega y tampoco un gnomo, con lo que descarta alegremente a Tolkien, y busca también asegurarse de que no sea el joven mago Harry Potter. La mujer encargada de iluminar la lúgubre existencia de este hombre de números es la panadera Maggie Gyllenhaal («El ladrón de orquídeas», «La secretaria») quien durante el conteo de las horas muertas del protagonista juega un papel fundamental para que Harold por fin se pregunte algo, aunque más no sea qué hacer durante esos días de su vida que bien podrían ser los últimos. Concluir «Crimen y castigo» recomienda el profesor Hoffman, o unirse al campamento espacial como le aconseja un amigo. Pero él compra una guitarra, come galletas mojadas en leche y secretea con su mujer entre las sábanas.

Además de resonar al Woody Allen de «Melinda y Melinda» (donde, dicho sea de paso, actuaba Ferrell), cuando Harold, al fin, se disponea descubrir si su vida es una comedia o una tragedia, este film recuerda sobre todo a «El ladrón de orquídeas», otro guión brillante de Kauffman, donde Nicolas Cage sufría el síndrome de bloqueo del escritor. Aquí, se verá pronto, quien lo padece es la torturada escritora Emma Thompson (quien mucho tiene que ver con los problemas de Harold). Sólo en este drama fantástico con altas dosis de ironía puede aparecerleal protagonista una posibilidad inimaginablepara el resto de los mortales: convencer a la autora de que reescriba el final de su novela. Todo lo cual se estructura con una dinámica asombrosamente creativa. Lástima que el desenlace no esté a la altura de las circunstancias. Tratándose de Hollywood, alguna concesión tenía que haber.

C.L.

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