Aunque su principal actividad tiene que ver con la música, es difícil charlar exclusivamente de ese tema con Jaime Torres. Entrevistado en medio de los ensayos para sus conciertos de hoy y mañana en La Trastienda, donde presentará el material de «El del charango», en el que también participaron Tomás Lipán y el grupo Wiñaypaj («aunque, como siempre, habrá algunas yapitas»), en la conversación, que va dirigiendo no siempre con una lógica periodística, aparecen la situación del país, su preocupación por la falta de solidaridad, la actitud de muchos -incluso colegas suyos-«que despotrican contra la realidad, pero hacen muy poco por cambiarla. Lo cierto es que cada vez que hay que tener una actitud de apoyo con algo, siempre somos los mismos veinte», dice.
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Peronista y boquense de toda la vida -«aunque todavía, a mis 63 años, también me sigue gustando juntarme con algunos amigos a jugar al fútbol; y en otras épocas supe ser muy bueno para eso»-, desde mediados de los '90 no tiene militancia política orgánica. «La verdad es que me siento algo desesperanzado con lo que pasa. Igualmente, tenemos que estar despiertos, creo que eso es lo que nos corresponde a todos», dice.
«Me sigue interesando la política, por supuesto, pero me molesta la mala utilización que se le ha dado. Creo que nada sirve si no hay renovación. Todos llegan prometiendo eso, pero después sigue siendo siempre lo mismo. Si el voto no fuera obligatorio, la gente ni siquiera iría a votar porque nadie cree nada. Acá nos gusta copiar lo que hacen los norteamericanos; pero por qué no aprendemos de las cosas buenas, de su actitud cívica, de cómo defienden lo suyo y cómo se defienden entre ellos».
La historia musical de Jaime Torres es, por cierto, mucho más rica que su trayectoria política. A pesar de que existen algunos jóvenes charangueros que están empezando a hacerse conocer, el instrumento está indisolublemente ligado a él, y son casi sinónimos. Desde que grabó su primer disco, en 1964, no ha dejado de tocar en nuestro país y en el exterior, de editar nuevos álbumes y de experimentar por nuevos caminos.
Por caso, el anterior álbum, «Amauta», fue producido por Gustavo Santaolalla -el argentino que vive en los Estados Unidos y ha trabajado con varios grupos de rock y pop latinoamericanos-, y el último, «El del charango», tiene como invitados a Ricardo Mollo y Diego Arnedo, integrantes del grupo de rock Divididos. «Me gusta juntarme con gente que está en otros estilos, igual que con los músicos clásicos», explica. Hace algunos años, por ejemplo, tocó la «Suite en concierto para charango y orquesta», de Gerardo Gandini, con la Camerata Bariloche, y ahora se prepara para grabar un álbum con esa misma obra, pero con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
Un historial que para el músico es la «concreción de un sueño: mostrar nuestros instrumentos -el charango, la quena, el sikus-por el mundo ha terminado plasmándose.Y me enorgullece también sentir que no me he quedado en el lugar cómodo de seguir tocando 'El humahuaqueño' o 'El cóndor pasa'. En el arte tampoco sirven las actitudes complacientes».
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