2 de noviembre 2005 - 00:00

"Me permití el humor contando sobre la cacería de un nazi"

Entrevistamos al colombiano Marco Schwarz, uno de los autores más notorios de ese país y ganador del premio Norma. Reconoció que la tarea más dura para su generación es diferenciarse del autor de "Cien años de soledad".

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Marco Schwartz considera que para romper con García Márquez muchos autores colombianos están hoy escribiendo «novelas de diseño»
Por «su trama inteligente y divertida, narrada de forma precisa e inquietante» el jurado del Primer Premio Norma de Novela, compuesto por Nélida Piñón, RH Moreno Durán y Eduardo Berti, otorgó por unanimidad el lauro, dotado con 30 mil dólares, a «El salmo de Kaplan» de Marco Schwartz.

Schwartz
es un periodista colombiano que se acerca a los cincuenta años y reside en Madrid; aunque, en realidad, vive recorriendo países «ya van para más de setenta», sostienejunto a los presidentes de España como corresponsal diplomático del «El Periódico» de Cataluña; dialogamos con él en su breve visita a Buenos Aires.

Periodista
: ¿En su novela buscó contar de un judío que trata de capturar a un alemán que impulsa el renacimiento del nazismo?

Marco Schwartz: Cuenta de un señor muy viejo, Jacobo Kaplan, que ve la muerte próxima y repasa su vida. Es un judío polaco que vive en el Caribe y siente que ha perdido un papel prominente en la comunidad de la que fue uno de su pioneros, han llegado a mandarla ahora los que a su juicio son unos nuevos ricos sin valores. Se siente un fracasado. Considera que sus hijos no lo ayudan a recuperar el honor perdido. Ve que su tercera generación es el desastre total, que sus nietos se están asimilando, casándose con no judíos o no judías. En un estado desesperación total decide hacer una gran proeza, emular la hazaña de la captura de Adolf Eichmann, y garantizar a su estirpe un lugar de honor que esté a salvo de los vaivenes de la historia, y que los consolide en un puesto de honor en la comunidad.


P.:
¿Cómo aparece en usted la idea de «El salmo de Kaplan?

M.Sch.: Surge de recuerdos de mi infancia. como el caso Eichmann, la búsqueda en América Latina de Martin Bormann y Josef Mengele, de las vivencias de vivir en una comunidad muy pequeña del Caribe y recordar que los ancianos siempre hablaban de algún alemán que parecía esconderse en una playa, y creo que lo investigaban. Aparte de esto, quería hacer una novela sobre la dignidad perdida y los intentos por recuperarla.


P.:
Sorprende contando de una comunidad judía en el país de García Márquez.

M.Sch.: Nací en el Caribe en una comunidad judía singular y prospera, en la que la primer generación trató de conservar valores que traían de su Polonia natal. Allí vi desencuentros de dos mundos y de dos tiempos: el del mundo oriental con el Caribe, y el de las primeras generaciones con las siguientes donde hubo muchos casos de asimilación que crearon tensiones.


P.:
La relación entre lo caribeño y los judío, ¿buscó mostrarla a través de la quijotesca aventura del policía colombiano Contreras y del judío Kaplan?

M.Sch.: Dios me libre de compararme con el Quijote, pero quise hacer un juego de ese tipo, establecer un contrapunto entre un hombre con el racionalismo europeo que embarca en una aventura a un hombre con el sentido común caribeño. Lo paradójico es que quien se extravía es el supuestamente racional y el otro trata de traerlo a la tierra.


P.:
En este aspecto su novela tiene algo de policial.

M.Sch.: Es un policial disparatado, pero ese aspecto es anecdótico. Para mi lo central fue la lucha por la dignidad, la contraposición entre el mundo judío racional y el mundo caribeño exuberante, y los enfrentamientos generacionales.


P.:
¿Por qué eligió contar esto desde el humor?

M.Sch.: El humor forma parte consustancial de lo que yo escribo. Provengo de grandes autores con una alta dosis de humor, de temas judíos y no judíos. La literatura de Philip Roth o Isaac Bashevis Singer está recorrida por una vena de humor mezclado con el drama. En escritores del Caribe el humor forma parte esencial junto al desgarramiento, como en García Márquez o Fernando Vallejo. Además, el humor ha sido una constante en la tradición judía, y esto no sólo se ve en la literatura de Scholem Aleijem, en el teatro idish, en Scholem Asch, sino en la vida misma.


P.:
Y usted toma con humor, y con una sorprendente vuelta de tuerca, nada menos que la cacería de un nazi.

M.Sch.: Normalmente estos temas del nazismo son el judaísmo son temas tabúes. Siempre he escuchado que sobre esto no se puede hacer humor. Tambien en el mundo no judío, se sostiene que es un tema sobre el que jamás hay que hacer humor. En esta novela yo no hago humor sobre el Holocausto. A riesgo de dar claves sobre el final, la gran realidad con que se tropieza mi personaje es con un drama-concentración que lo hace volver a la realidad. Es el antihumor. Kaplan esta viviendo una ilusión, tiene diálogos jocosos con el cabo Contreras mientras intentan la cacería del nazi, pero se estrella con una personaje con una persona que ha estado en un campo de concentración.


P.:
¿Por qué ha colocado en su novela varias referencias a la Argetina?

M.Sch.: La Argentina es para mi un mito, y esta es la primera vez que la visito. A mi pueblo colombiano llegaban grupos argentinos de teatro idish que tenían tanto humor como pobreza. Viví con tres porteños cuando fui a estudiar a Israel. Tengo en mi a Buenos Aires por lecturas de sus grandes escritores. Y si nombro a un futbolista argentino es porque forma parte del paisaje mundial, y ellos fueron los que elevaron la categoría del fútbol con su buen estilo. Cuando llegaron a Colombia dejaron de ser futbolistas para ser profesores y los entrenadores doctores en fútbol. Y todas las chicas enamoradas de ellos rodeaban los hoteles donde ellos estaban. Este es otro recuerdo de mi adolescencia.


P.:
¿Qué pasa con García Márquez y la literatura de su país?

M.Sch.: Su sombra es tan omnímoda que ocultó en parte a una generación inmediatamente posterior en la que hay obras de valor como «Sin remedio», de Antonio Caballero, que pasó casi desapercibida pero es a mi juicio monumental. Hubo escritores de mucha calidad que fueron ensombrecidos por García Márquez.


P.:
¿Por qué la nueva generación de narradores colombianos es habitual que critiquen a García Márquez?

M.Sch.: La veo muy obsesionada en romper con García Márquez. Hay muchos que insultan a García Márquez, que se ponen a escribir de Europa, que creen que la única forma de romper con el realismo mágico es escribir novelas en las que aparezca un bogotano que se casa con una francesa, viven en Madrid, y tocar todas las grandes capitales donde está el negocio editorial. No se si lo piensan en forma deliberadamente comercial o no, pero hay ese prurito por ser supuestamente cosmopolitas. Fabrican novelas que yo llamo «de diseño» más que novelas del alma o de las tripas. Creo que es un error, que para muchos la relación con García Márquez no está resuelta.Yo pienso que debemos dejarlo en su merecido pedestal, beber de él lo que haya que beber, y crear por necesidad y no por el anhelo de romper con el padre.


Entrevista de Máximo Soto

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