24 de mayo 2004 - 00:00
"Me propuse que mi teatro sea popular"
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Mientras prepara la puesta en escena del nuevo musical de Alejandro Romay en el teatro El Nacional, Alicia Zanca estrena «Pedir demasiado» de Griselda Gambaro en el Cervantes.
Periodista: A primera vista parece más difícil difícil dirigir un texto de Griselda Gambaro que montar un musical. ¿Usted qué opina?
Alicia Zanca: Es cierto, la obra de Griselda tiene sus complejidades porque se aleja del naturalismo. Esta pieza, en particular, tiene una estructura perfecta y una sabiduría increíble. Con decirle que en los ensayos jugábamos a abrir el texto en cualquier lugar y elegíamos una frase al azar que siempre nos orientaba. Es que el texto de Griselda es como el I Ching, tiene una fuerte carga metafísica. Por eso evité todo tipo de subrayado para que las frases se escuchen y los sentimientos fluyan. Lo que más me admira de Griselda es que con tan pocas palabras diga tanto.
P.: Sin embargo, al leerla, «Pedir demasiado» parece sencilla.
A.Z.: Es un trabajo de enorme sencillez, donde todo es vincular y pasa por la experiencia.Y es de una intimidad tal que hasta tuve ganas de meter al público dentro del escenario. Yo actué en varias obras de Griselda («Penas sin importancia» «De profesión maternal», «Lo que va dictando el sueño») y fui adquiriendo una experiencia que hoy me permite comprender sus piezas a la primera lectura. Antes me costaba entenderlas.
P.: ¿Cómo resumiría el argumento de esta obra?
A.Z.: Griselda dice que la obra trata sobre una pareja en donde uno de los dos deja de amar. Y es así, pero bien a su estilo, en ese vínculo está puesta toda la complejidad que se le pueda ocurrir en relación a una pareja. Cualquiera que haya tenido en su vida algún vínculo afectivo importante, va a fluctuar todo el tiempo entre uno y otro personaje.
P.: Se sabe que Alejandro Romay la convocó para dirigir «Aplausos» luego de ver «El zoo de cristal» y «Romeo y Julieta», dos piezas en las que la música jugó un papel muy importante.
A.Z.: La música es algo fundamental para mí y necesito que esté presente en todas mis puestas. Por eso considero que el premio más importante de mi carrera fue el que me otorgaron los críticos musicales en el 2003 por mi régie de «La hija del Regimiento» de Donnizetti en el Teatro Colón. Ahora estoy preparando para enero «Sueño de una noche de verano», que se va a estrenar en el Alvear con música de Ernesto Jodós, mi habitual colaborador.
P.: ¿Y de dónde le viene ese gusto por la música?
A.Z.: Siempre viví rodeada de música, porque yo me crié en Barracas al sur y tenía un tío que conducía una peña y en los carnavales salía con su bandoneón y me llevaba para que recite. Por eso me interesa tanto que el teatro sea popular, sobre todo Shakespeare. Siempre hay alguien que te dice: «eso no es fino». No me importa, yo respondo a mi barrio y a mis ancestros. La Boca, el carnaval, el mundo de mis abuelos... todo eso me constituyó como artista y no lo voy a desechar.
P.: Es la primera vez que dirigecomedia musical ¿Cuál diría que ha sido su principal aporte en este trabajo?
A.Z.: Lo primero que le dije a Romay cuando me convocó en su oficina fue que yo amaba el film «La malvada» (con Bette Davis y Ann Baxter) y que quería tomarlo de referencia, ya que el musical se basa en esa película. Y él me contestó: «Es lo que yo quiero hacer».
P.: La obra ya conoció una exitosa versión con Libertad Lamarque ¿Esta otra es más fiel a la película?
A.Z.: Es una combinación. Por un lado sigue siendo una gran producción musical, con orquesta en vivo y 40 bailarines en escena. Esto no es usual en Buenos Aires. Y por otro lado, como a mí me pareció que algunos textos de la obra no eran lo suficientemente sólidos, rescaté algunos pasajes de la películay profundicé en el desarrollode algunos personajes. Imagínese cuánto más potente puede resultar un músical cuando las historias se desarrollan en un entramado más sólido. En pocas palabras, Romay me permitió robustecer el cuento y creo que eso favoreció a la obra.
P.: Ya que estamos, recuérdenos el cuento.
A.Z.: Es la historia de una mujer de cierta edad que tiene que abandonar los personajes de jovencita...Y yo pasé por eso. Cuando entré al San Martín, como integrante del elenco estable, todas las actrices que hacían los personajes de dieciocho años tuvieron que dejarlos para que yo empezara.A mí me costó mucho que me dieran ese lugar. Después fui yo la que me tuve que ir y dejar que la gente joven se quedaba con papeles que a veces eran muy importantes. Pero hoy estamos en un momento donde lo estético se impone de una manera que las mujeres se ven obligadas a congelar su edad. Esto es muy cruel y «Aplausos» habla de eso.
Entrevista de Patricia Espinosa




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