7 de diciembre 2000 - 00:00
"MEMORIA / VOYAGES"
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Lo más singular de este relato, uno de los más lúcidos que haya producido el cine europeo en los últimos años sobre el tema, es que su espacio dramático es presente puro, y como tal no hay reconstrucción sino construcción de los acontecimientos.
Desde esa mirada, el film no sólo se pone al margen de los habituales escenarios de un horror intangible para el arte, al punto de que en sus puestas en escena nunca evitan lo trivial (esas maquetas tantas veces condenadas por Claude Lanzmann, el autor de «Shoah»), sino que también renuncia a los tiempos muertos y la sentenciosidad de otras películas sostenidas únicamente por su mensaje político, pero vacías de trabajo dramático.
•eneración
El director Emmanuel Finkiel apenas pasó los 40 años y se hace cargo de su propia generación: no intenta adueñarse de una memoria ajena, que forzosamente lo conduciría a lo superficial y falso, como ocurre casi siempre con el cine del italiano Giuseppe Tornatore, por dar sólo un ejemplo, sino que acompaña a sus personajes, sus mayores, en un presente donde las marcas de la historia vivida suelen chocar duramente con una realidad irreconocible desde la perspectiva de quienes sí experimentaron la tragedia, y para quienes suele retornar bajo la forma de un presente permanente.
«Memoria/Voyages», en ese sentido, elige el más interesante punto de vista para un cineasta de la segunda generación del cine del Holocausto: la confrontación entre ambos presentes, el real y el interior, sólo entrevisto éste por algunas palabras, miradas, expresiones o silencios, y el otro a través de la aplastante cotidianeidad.
En ese cruce, numerosos planos del film cobran una fuerza inusitada, a veces estremecedora: puede ser un embotellamiento de coches en Tel Aviv, con una anciana perpleja y solitaria que pasa caminando entre los coches con su pequeña valija a cuestas, recién llegada, incapaz de identificar la hostilidad de ese infierno de bocinazos e insultos en una lengua extraña con la idea que ella se forjó, durante medio siglo, de la tierra prometida (el tercer episodio).
O un micro de turistas que viaja a la madrugada desde Varsovia a Auschwitz, atraviesa el monumento a las víctimas del gueto mientras la adormecida ciudad se pone en movimiento para ir a trabajar, indiferente a esos bronces («¿te lo imaginabas así?», pregunta alguien en el ómnibus «yo me lo hacía más grande»), para quedar poco después detenido a mitad del camino por un desperfecto del motor, desatando impaciencias y malestares (el primer episodio).
O el segundo, en el que una mujer en Francia examina, por las noches, el cuello de ese anciano desconocido que duerme en su casa, y que le dijo ser su padre: ella busca unas cicatrices identificatorias sin esperanza, porque desde un principio supo que ese hombre no es quien dice ser, aunque su aparición la lleve a someterse a un segundo e inesperado duelo: su padre murió en los campos y está muriendo otra vez ahora.
•nfluencia
Finkiel fue asistente de dirección de Krzysztof Kieslowski, el gran realizador del «Decálogo» y de la trilogía «Bleu Blanc Rouge». En ésta, su opera prima, se reconoce la lección del maestro, aunque con un sello de estilo deliberadamente distinto.
Construida también como una trilogía que, a su término, se revela una unidad (las tres mujeres tendrán un punto en común en sus historias), «Memoria/ Voyages» refuerza su contacto emocional con el espectador a través de un registro casi documental, logrado no sólo con la participación de un elenco de actores no profesionales en todos los casos, dotados de una convicción sorprendente en gestos y movimientos, sino también con el empleo de ángulos de cámara y recursos de puesta originales y persuasivos (los protagonistas suelen aparecer de espaldas a la cámara) y un tiempo de narración que parece el único posible para lo que se busca mostrar: el lento y reflexivo cuando hace falta, y el intenso y crispado en los momentos necesarios. Indudablemente, Kieslowski tiene ya su mejor discípulo y heredero.



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