15 de marzo 2007 - 00:00

México salvó el día en el festival marplatense

El directorcatalánCesc Gay,quepresentó«Ficció» enel Festivalde Mar delPlata. Noestuvo a laaltura de loesperado.
El director catalán Cesc Gay, que presentó «Ficció» en el Festival de Mar del Plata. No estuvo a la altura de lo esperado.
Mar del Plata (Enviado especial) - Lucimiento mexicano y aburrimiento europeo hubo ayer en las respectivas competencias del festival. Los primeros brindaron una fábula dramática que termina con un corrido, y un documental de ancianos pintorescos, que empieza con un corrido. Los otros, sendas historias de amores tan demorados y descafeinados que pasa la película sin que pase mayormente nada, y cuando está por pasar algo se termina.

«Come l'ombra», de Marina Spada, sobre una joven que desarrolla cierta amistad con su profesor de ruso (un ucraniano), al punto de albergar a la recienvenida hermana de éste, tiene al menos una intriga final, cuando vemos a la protagonista partir en busca de alguna verdad en torno a esas dos personas por las que estaba desarrollando aprecio.

«Ficció», de Cesc Gay, con dirección de arte del argentino Daniel Gimelberg, rodada en el Parque Natural El Cadí-Moixeró, casi tan lindo como Traslasierra, desarrolla unos días en la vida de un director y una violinista, cada cual casado y con hijos, que recién en tiempo de descuento, es decir, a los 91 minutos de proyección, y cuando la mujer ya se está yendo, deciden sentir algo y expresarlo. «Tengo un nudo en el estómago», confiesa ella entonces, de golpe, y esa parte es muy linda. Punto en contra, la cara de fastidio del hombre a todo lo largo. Punto a favor, Javier Cámara como un amigo en común, de oficio veterinario.

La falta de tensión de ambas obras se compensa con el nerviosismo de la ya transitada fábula maniqueista «El violín», que acaba de ganar en Miami, razón por la cual su director se demoró allá haciendo ventas. Ganó, y eso que es en blanco y negro, vagamente izquierdosa, con escenas brutales (militares buscando rebeldes en alguna selva), y encima termina mal (en Hollywood los rebeldes hubieran llegado a tiempo, y además el violinista manco hubiera tocado todavía mejor).

La otra mexicana es un documental muy simpático, «Pancho Villa: la revolución no ha terminado», de Francisco Taboada Tabone, linda serie de entrevistas a ancianos que vivieron de niños la Revolución Mexicana, incluyendo un hijo natural de Villa, residente en Estados Unidos, que recién cuando murió su madre se sintió liberado de guardar el secreto y fue a visitar la casa-museo de su padre. La monja de un asilo presenta, con ternura, al último coronel del ejército villista, ayer terrible conductor de hombres de guerra, ahora un pobre viejo todo torcido y balbuceante en su silla de ruedas. Y, maravilloso, un viejo centenario hace flexiones mientras se presenta, «Yo nací en 1900, a los 14 escapé de casa y fui chofer de Pancho Villa», etc., hasta llegar a las 60, y después hace lagartijas, y se dedica a carpir la huerta del asilo donde vive. No es una toma de archivo, lo filmaron el año pasado.

Otra maravilla: el concierto de Luis Bacalov con la Sinfónica de Mar del Plata, en el Radio City, aplaudido a rabiar. Y otros actos: el bautismo del Cine Km 404 en el Aula Magna de la Facultad de Derecho, el anuncio del Primer Concurso Nacional de Guiones contra la Piratería de Obras Cinematográficas, y la presentación y lanzamiento del VI Concurso de Postproducción para América Latina organizado por Signis, la asociación católica mundial de comunicación.

Dejá tu comentario

Te puede interesar