9 de noviembre 2005 - 00:00

"Mi meta es lograr fusionar a Borges con Vargas Llosa"

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«Un escritor se mide en su capacidad de riesgo su disposición al fracaso. No importa fracasar si el proyecto valió la pena», sostiene Edmundo Paz Soldán.
"Por suerte ya dejé de ser un escritor de la nueva generación", es la respuesta inmediata de Edmundo Paz Soldán cuando se le recuerda que Mario Vargas Llosa sostiene que «Paz Soldán es uno de los mejores escritores de la nueva generación». Después, elige la humildad: «Eso lo dijo Vargas Llosa cuando estaba presentando en Miami su última novela. Una periodista le preguntó que escritor joven le interesaba, y dió mi nombre porque yo estaba por allí, escuchándolo. Seguramente que si estaba Alberto Fuguet, nombraba a Alberto». Esto no es totalmente cierto, el autor de «Conversación en la Catedral» ha seguido destacando en otras entrevistas al boliviano Paz Soldán. «Acaso se deba a que yo nací en Cochabamba, y él pasó su infancia allí, donde su abuelo había sido enviado como cónsul», tal vez busca con esa referencia escamotear que él, uno de los jóvenes escritores «parricidas» que en los años '90 enfrentaron a los miembros del boom de la literatura latinoamericana con la antología generacional «McOndo», no se ha privado de dedicarle encendidos elogios al gran escritor peruano. Más tarde Paz Soldán dirá que una de sus metas es «fusionar a Borges con Vargas Llosa», a quienes considera sus mayores maestros.

Explica que la obra del autor de «La fiesta del Chivo» lo impulsó a volver a la novela política y social, como lo ha hecho en sus últimas novelas «Río Fugitivo» (1998), «Sueños digitales» (2000), «La materia del deseo» (2001) y, la más reciente, «El delirio de Turing», con la que ganó el «Premio Nacional de Novela» en su patria, y que vino a presentar en Buenos Aires la semana pasada, ciudad donde suele reiterar: «decidí mi destino literario».

A mediados de los años '80 Paz Soldán viajó a la Argentina para estudiar Ciencias Políticas en la Universidad del Salvador, y se encontró con «esa efervescencia cultural de Buenos Aires que me permitió, por ejemplo, discutir con otros muchachos que se apasionaban por la gran literatura o charlar en una Feria del Libro con José Donoso». Al muchacho que hasta ese entonces intentaba imitar a Agatha Christie, esos diálogos y, sobre todo, descubrir a Borges, a Cortázar y a Onetti le transformó su escritura. «Comprendí que escribir es reescribir», explica.

Tras licenciarse en Ciencias Políticas en la Argentina, Paz Soldán viajó a Estados Unidos, donde se doctoró en Lenguas y Literaturas Hispánicas en la Universidad de California, y pasó a ser profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. «El mundo académico norteamericano», explica, «me dio la infraestructura y el tiempo libre para escribir; ahora he pasado a España, y en Sevilla me siento aún más cómodo, es como estar aquí».

En «El delirio de Turing» Paz Soldán mezcla elementos del policial, de la ciencia ficción y de la novela social. La describe como «una novela de suspenso que cuenta de tres días de protesta en una no demasiado imaginaria ciudad de Bolivia, Río Fugitivo, territorio habitual de mis novelas. Allí el neoliberalismo entra en crisis y crecen las manifestaciones antiglobalización. Esa es la superficie, detrás hay una guerra electrónica entre los que tienen la tarea de cifrar mensajes secretos para la Cámara Negra, el organismo de seguridad del Estado, y los hackers, que se dedican a interceptar los mensajes, decodificarlos y a enviar virus a las computadoras de las multinacionales y del gobierno».

El escritor boliviano no teme dejar afuera a ciertos lectores, «para ellos esta el suspenso, entre otros temas.Además, yo no quiero mostrar la Bolivia de las tarjetas postales ni la del Discovery Chanel sino el de la clase media urbana, la que tiene televisión por cable e internet. Busco narrar el impacto de la ciencia y de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana, algo muy poco explorado en la literatura latinoamericana, y que se expande a temas fundamentales de nuestro tiempo como el conflicto entre modernización y tradicionalismo, los impulsos globalizadores, las nuevas formas de protesta social y las tribus urbanas. Sitúo mis historiasen ese ambiente contemporáneo donde el hijo de un minero puede devenir en pirata informático. Tocar esos asuntos, en una aventura que irrite, conmueva o sorprenda al lector, es una forma de demarcar mi propio territorio narrativo».

Cuando se le comenta que el final de esa novela recuerda el cuento de Borges «Tema del traidor y el héroe», Paz Soldán sonríe y comienza a enumerar: «y, por el medio, hay una clara referencia a otro cuento de Borges, 'El inmortal', y mi ciudad remite a las inventadas por Onetti y por Faulkner, y la ciencia ficción que se va convirtiendo en plena realidad es de Philip Dick, y el dedicarme a ser poco ' políticamente correcto' proviene de Vargas Llosa. Y bueno (ríe), T.S. Eliot proponía saquear a los autores que uno admira».

Máximo Soto

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