«Mi querida» de G. Gambaro. Dir.: R. Szuchmacher. Int.: J. Hidalgo. Dis. sonoro: A. Foutel. Dis. Ilum.: G. Córdova. Amb. y vest.: J. Ferrari («Del Otro Lado», Lambaré 866).
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Esta pieza de cámara, basada en un cuento de Chejov y construida a partir de un monólogo, requería de una intérprete experimentada, capaz de transmitir las sinuosidades de un personaje aparentemente ingenuo y simplón. Juana Hidalgo es esa actriz.
Hace ya varios años que la protagonista de «Días felices», «Arsénico a la hora del té», y de tantos otros títulos del teatro universal, deseaba llevar a escena la conmovedora historia de «Duschechka» («Almita»). Gracias a la dramaturga Griselda Gambaro el texto de Chejov transmutó su formato para convertirse en una obra de gran intensidad poética. Fue un acierto depositar el relato en manos de la protagonista, con lo que se logró suprimir la intermediación del narrador y desplazar los demás personajes hacia el terreno de la memoria.
• Personaje
Olga es una mujer ya grande, pero con un transfondo decididamente infantil. Sus modales delicados transmiten ternura y calidez y sin embargo, hay algo en ella que irrita e incomoda. Quizás tenga que ver con su impudorosa manera de exponer sus carencias sin reconocerlas como tales. Esa mezcla de ingenuidad, picardía y desparpajo permite que el personaje funcione como una especie de pantalla proyectiva para el espectador.
La protagonista se presenta a sí misma como una mujer que necesita amar, pero es evidente --por las historias que cuenta-que lo único que logra es mimetizarse con la persona amada. Su amor por el circo, la industria de la madera o los animales, depende del marido de turno, pero la imprevista llegada de un niño ajeno dejará al descubierto una cruel verdad. La obra denuncia con mucha sutileza las manipulaciones y mezquindades que se cometen (o se sufren) en nombre del amor. La falta de libertad, la negación de las diferencias, el miedo a la soledad o la paralizante simbiosis son algunos de los síntomas que emergen en ella.
Felizmente, a la pieza no le falta humor, ni a su protagonista gracia. Con muy buen criterio, el director Rubén Szuchmacher colocó a la ansiosa Olga en una sugerente actitud de espera. Su minuciosa puesta en escena muestra al personaje en todas sus facetas y favorece el lucimiento de una extraordinaria actriz.
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