9 de abril 2002 - 00:00

Minujin, Testa y Suárez: "Leonardo" a Trayectoria

Los que comen del arte de Pablo Súarez
"Los que comen del arte" de Pablo Súarez
En el Museo Nacional de Bellas Artes se entregaron los Premios Leonardo 2001, que proponen reconocer la trayectoria y creatividad de los artistas argentinos. En esta oportunidad el jurado estuvo integrado por Rodrigo Alonso, Marina Bertonassi, Mercedes Casanegra, Albino Dieguez Videla, Sara Facio, Guillermo Whitelow, Angel Kalenberg (Director del Museo de Artes Visuales de Montevideo), Ricardo Ohtake (Director del Centro Cultural de San Pablo), Oscar Smoljan (Secretario de Cultura de Neuquén) y el autor de esta nota. En esta V edición de los Premios Leonardo, fueron reconocidos en la categoría Trayectoria, Marta Minujin, Pablo Suárez y Clorindo Testa.

Las realizaciones de Testa (1923), pintor y arquitecto, reafirman el carácter autobiográfico de sus obras.

En Autorretrato con la peste, elaboró una condensación de su práctica como arquitecto y pintor, exaltando los hechos estructurales en su relación con el entorno: el urbanista, dentro de su esfera de acción, debe considerar al azote de la contaminación en las grandes ciudades.

El cambio arbitrario del medio ambiente puede desatar catástrofes peores que las que narran los libros de historia, al describir las plagas que asolan al mundo hace siglos. Esto sucedió en Ceppaloni, el lugar donde había nacido Testa, cerca de Nápoles. Con Bestiario americano recuperó el mágico mundo de fabulosas criaturas de los mitos americanos: un rico acervo de dioses, demonios, espíritus, héroes y personajes de leyenda. Esos seres sobrenaturales señalan su incursión por las mitologías populares de América Latina, fruto del mestizaje de españoles/portugueses y de aborígenes.

Marta Minujin
fue siempre una artista pionera, que ha desarrollado su obra convocando la participación activa de los espectadores en sus happenings, monumentos efímeros, mitos populares, instalaciones y performances su creatividad se ha manifestado a través de distintos matices: el humor, la ironía, la crítica, el sarcasmo, la representación diferente, como en el Obelisco acostado, en la Bienal de San Pablo (1978), o la repetición de Los Hércules, en la Bienal de Venecia (1987).

Luego de su primera muestra individual en 1959, se radicó en París gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes, prolongada luego por el Gobierno de Francia hasta 1963. A diferencia del estadounidense, el Pop Art argentino fue más bien una etapa de tránsito hacia nuevos discursos estéticos. Nuevas corrientes hallaron estímulo y espacio privilegiados en el Instituto Di Tella (1963-70), donde se desarrollaron Happenings y Ambientaciones, con el liderazgo indiscutible de Minujin. Sus Colchones multicolores (1964), y sus Laberintos, como La Menesunda y El Batacazo (ambas de 1965), fueron símbolo de una época. Esta última obra fue expuesta luego en Nueva York en la Bianchini Gallery.

•Suárez

Pablo Suárez (1937), participó en las ya legendarias «Experiencias» convocadas en 1967 y 1968 por el Instituto Di Tella. En la década del 70, sus pinturas, objetos e instalaciones indagaron, desde una perspectiva conceptualista, en las raíces históricas y los contenidos culturales que vinculan el pasado y el presente, la identidad y la visión particular de una Argentina indisociablemente latinoamericana.

En la categoría Artistas del Año, fueron premiados
Carlos Alonso, Roberto Elía y Carlos Gorriarena. Gorriarena (1925), es un destacado exponente de lo que hemos denominado arte político, como una forma de cuestionamiento estético a la realidad social, cuyo iniciador en la Argentina fue Antonio Berni, en la década del 30.

En el ciclo del arte político en pleno (1971 y 1982), presentó sus
Series A rostro descubierto, retratos basados en fotos periodísticas, y Homenaje a los reporteros gráficos de «Time», donde llevaba el análisis de lo que denominaba «la incoherencia del mundo» a ciertas grandes figuras internacionales. En sus telas y dibujos de 1979-82, Gorriarena dio cuenta de la lúgubre Argentina de la represión ilegal y el vaciamiento económico, con imágenes desgarradoras, lacerantes, indignadas. Hacia 1983, pasó a la sátira social. Gorriarena acudiendo a la ironía y el sarcasmo para abordar los poderes oficiosos: el de los hábitos regimentados, el de las ceremonias, el de las modas sociales. Sus arquetipos son retratos sin piedad, y sin censura, un descenso programado a los infiernos personales, a un espacio donde nada es previsible. Su lenguaje es universal; por eso sus personajes locales, típicos, son inmediatamente comprensibles por el espectador sensible.

•Alonso

El arte de Carlos Alonso (1929), que ha abordado la violencia, el abuso del poder, el desamparo, la miseria, la humillación, el despotismo, es también un arte severo, doloroso, estremecedor a veces, y siempre crítico. Antes de marcharse a Tucumán, realizó su muestra inaugural en 1949, en Mendoza (su provincia: es oriundo de Tunuyán). Cuatro años más tarde, en 1953, se presentó en Buenos Aires, en la ya desaparecida Galería Viau, que le otorgó una beca para viajar a Europa. Un triunfo decisivo obtuvo en Buenos Aires, en 1957, cuando ganó el certamen nacional abierto por Emecé Editores para la ilustración de la Segunda Parte del Quijote, con lo cual sucedió a Salvador Dalí, quien se había ocupado de la Primera Parte (1946). La misma editorial le encargó, en 1959, los dibujos para el Martín Fierro; y una década después, en 1968, fue a Florencia para ilustrar una nueva edición de la Divina Come-dia. En la década del 60 se afirmó como dibujante y grabador. Pero ya desde sus comienzos, hubo una retroalimentación: la pintura sugiere al dibujo y el grabado, pero poco a poco los órdenes se diferencian, aunque dentro de un mismo sistema representativo.

Alonso
descubrió en Londres, hacia 1961, el acrílico que libera su pintura al sustraerla de las limitaciones del óleo. Empezó entonces sus reinterpretaciones de Sin pan y sin trabajo, obra canónica de Ernesto de la Cárcova (1893), y continuó con sus Retratos de Spilimbergo, por medio de los cuales buscó reivindicar a la pintura, tan cuestionada en ese momento, a fines de la década del 60. Más tarde enfocó al Renoir de los últimos años, sentado en su silla de ruedas; a Courbet, a Manet y a Van Gogh, al que dedicó una estupenda serie de telas y dibujos (1970-90). Con la serie de El ganado y lo perdido, expuesto en 1976, no sólo aludió a una clase y una forma de ser: anunció el calvario montado en la Argentina por la dictadura militar. Pocos testimonios tan lacerantes como los de Manos anónimas, evocaron esos tiempos de espanto.

Elía
es un artista conceptualista, o, quizás, nominalista, pues da a entender su creencia de que las entidades abstractas no son sino nombres de las únicas entidades existentes: las concretas (sus obras).

Los Premios a la Joven Generación fueron para
Mario Pérez, Graciela Sacco y Pablo Siquier. En Fotografía, Esteban Pastorino, Norberto Puzzolo y Humberto Rivas; en Video, Gabriela Golder,Andrea Juan y Silvia Rivas; y en Arte Digital fueron destacados, Oscar Carballo, Hernán Marina y Zulema Maza. Annemarie Heinrich, la gran fotógrafa que cumplió 90 años hace pocas semana, recibió un Premio Especial del Jurado. El jurado resolvió también por unanimidad otorgar un Premio Homenaje a Roberto Aizenberg (1928-1995).

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