16 de mayo 2002 - 00:00

Mirás: "Un actor hoy no puede rechazar un trabajo"

Fernán Mirás
Fernán Mirás
"Hice Molière, dirigido por Juan Carlos Gené, cuando actuaba en 'Chiquititas' - dice el actor Fernán Mirás-. Después, el fenómeno de 'Tango feroz' me generó exigencias de seguir en una línea intelectual que abandoné rápidamente, cuando decidí que no me quería pasar años esperando otro protagónico en cine".

Mirás
pasó por los ámbitos más disímiles y lo sigue haciendo: se lo verá hoy en «Un día de suerte», película que protagoniza junto a Valentina Bassi, Damián De Santo y el recordado Darío Vittori; mañana debuta en la obra de Norma Aleandro «De rigurosa etiqueta», y después empieza a grabar la nueva tira de Cris Morena, «Rebeldes».

Dialogamos con Mirás a propósito del estreno de la ópera prima de Sandra Gugliotta, que se realizó en 6 semanas y contó con apoyo de Italia y España, donde se lanzará próximamente.

Periodista: Pese a que la película se filmó hace un año y medio, el clima social parece premonitorio en relación a la situación actual. Hasta hay cacerolazos, cuando todavía no eran frecuentes..

Fernán Mirás:
Pasó algo raro cuando mostramos la película en Berlín. El reclamo que se ve en el film era por los cortes de luz del ´99, y en el festival nos preguntaban si eso que se veía era lo que ocurría en la actualidad. Como se comprende bien el telón de fondo, queda claro que la razón de Valentina para querer irse a Italia excede el supuesto enamoramiento con un italiano. Ella trabaja de promotora, la gente en la calle la maltrata y gana dos pesos. Además, juega la fantasía de irse y lo que le pasa con su abuelo, Darío Víttori, que vino con los inmigrantes y ahora ve a su nieta volverse a Italia.

P.: Es cada vez mayor la cantidad de actores que eligen España como destino, ¿usted se iría?


F.M.:
A vivir no. Los actores argentinos están de moda, son muy respetados en España y creo que si no estuviera tan mal el país, muchos igualmente trabajarían allá. Como en Argentina no hay tanto cine, lo que Luppi hizo hace mucho ahora se está repitiendo con los más jovenes. Los actores argentinos son considerados muy modernos y formados en el método Stanislavsky, que llegó mucho antes acá que a España.

P.: Pero Stanislavsky podrá ser todo menos moderno...


F.M.:
Los españoles se autodefinen como los actores del método. y dicen que nosotros somos más naturales, que sobreactuamos menos. Yo tengo representante en España pero como cuestión alternativa, porque tengo mi carrera acá. He aceptado papeles para abrirme un camino y porque acá no se hace mucho cine.

P.: Sin embargo, hay quienes hablan del «boom» de los jóvenes realizadores.


F.M.:
Esa categoría tiene que ver con el recambio generacional. En el exterior interesa el cine argentino más comercial, como «Nueve Reinas» y el cine de bajo presupuesto, que adapta la idea a los costos. A menudo esos directores dicen «Si no tengo un holding atrás la voy a hacer como quiero», eso es bueno porque se toma más libertades. En el mundo está pasando con el cine argentino lo que ocurrió acá cuando se puso de moda el cine iraní. En Berlín se hablaba de «La ciénaga» como de una película que le abría el camino al resto.

P.:¿Cree que el Instituto subsidia a las películas que le gustan más a los festivales internacionales que al público local?


F.M.:
No sé con qué criterio se subsidia, sí sé que nunca es suficiente. Como la cinematografía francesa, que tiene apoyo del Estado porque no puede competir con la norteamericana, acá pasa lo mismo. Pero el apoyo nunca va a alcanzar y siempre hay que estar peleándolo, como hay que pelear la cultura. Y es paradójico porque la gente que viene de afuera no puede creer que, pese a la crisis, se sigan abriendo salas de teatro. Un amigo español me decía sorprendido que veía acá más obras y de mejor calidad que en España.

P.: También es cierto que, por la crisis, se ofertan cada vez más espectáculos gratuitos o de bajo precio..


F.M.:
El caso de Norma Aleandro es notable. Decidió ensayar en situaciones límite, en el sótano del Maipo y con el cacerolazo en la calle. Algo parecido ocurrió al filmar la película, decíamos «Esto es un manicomio», sin un peso, filmando con nuestra ropa y la película se hizo así. Era conmovedor.

P.: Además de lo conmovedor, para autogestionar obras o películas se necesita sumar una entrada alternativa de dinero. ¿Eso no redunda en aceptar proyectos menos atractivos?


F.M.:
Si uno vive en este país tiene que entender que rechazar un trabajo es un sacrilegio. Además, quién soy yo para despreciar un trabajo, en mi caso no tengo otra entrada excepto la actuación, hay actores que pueden darse ese lujo de elegir porque hacen otras cosas. Hasta Harvey Keitel o Anthony Hopkins hacen dos películas malas y una buena, y eso que viven en Estados Unidos.

P.: Convengamos que no es lo mismo una película mala de Hopkins que protagonizar, en su caso, «Chiquititas».


F.M.:
Creo que está bien hacer la tira de Cris y no pretender hacer Hamlet ahí, sería un estúpido. Nos llevamos bien con Cris porque yo entiendo lo que requiere el programa y qué veta mía necesita. Ocurre que el fenómeno de «Tango Feroz» hizo que se me exigiera seguir en una línea más intelectual. Por suerte aprendí rápido, e hice caso a amigos actores que me decían «Cuidado, que no va a ser todo como ´Tango feroz´».

P.: ¿Qué opina de la gestión en la Secretaría de Cultura de Rubén Stella?


F.M.:
La defensa de la cultura en boca de un actor siempre es difícil porque puede ser leída como defensa de la fuente de trabajo. La gente que piensa que el presupuesto para cultura es un tema menor se puede quedar tranquila porque igual no hay un peso. Creo que culturalmente nos estamos haciendo bolsa y que es un milagro que la gente siga leyendo libros.

P.: ¿Cómo fue su acercamiento a la actuación?


F.M.:
Tengo una tía jubilada que, como era bibliotecaria, sacaba el abono del San Martín, y gracias a eso vi como ochenta obras. Esas piezas jamás las hubiera leído hasta que fui actor; no me hubiera tragado Romeo y Julieta a los 16 años porque era un plomo. No es que uno pelea la cultura porque sí, porque quiere despuntar el vicio y hacer Shakespeare, eso es una tontería. Eso es un sueño para mí, es un problema mío, pero que la gente lo merece.

P.: ¿No será mucho decir que la gente quiere ver a Fernán Mirás haciendo Shakespeare?


F.M.:
Para hacer Shakespeare me puedo pasar toda la vida. He ensayado Hamlet con Julio Chávez, pagamos la sala, ensayamos ocho meses y no prosperó. Tuvieron más suerte aquellos que estudiaron en el Conservatorio o escuelas de teatro del Estado, pero ahora están todas cerradas. Nadie lo sabe pero Emilio Disi hizo muchos clásicos, después se dedicó a otra cosa, pero al menos tuvo la posibilidad que yo no tuve.

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