15 de marzo 2007 - 00:00

"Mis gloriosos hermanos"

Marc-AndréGrondincomo eljoven Zac,conflictuadoprotagonistadel filmcanadiense«Misgloriososhermanos».
Marc-André Grondin como el joven Zac, conflictuado protagonista del film canadiense «Mis gloriosos hermanos».
«Mis gloriosos hermanos» («Crazy», Canadá, habl. en francés). Dir.: J.M. Vallée. Int.: M. A. Grondin, D. Proulx, M. Côté, J. Lebrun y otros.

Las familias disfuncionales le vienen dando abundante material al cine y nada hace suponer que tal fuente de inspiración se detenga; por el contrario, la asombrosa acentuación de contradicciones que se viene dando en estos difíciles primeros años del siglo XXI, cuando aparentemente ya no queda tabú por romper al mismo tiempo que el Papa quiere volver a la misa en latín, permiten suponer que habrá disfuncionalidad para rato.

«Mis gloriosos hermanos», película canadiense, se ocupa de una de estas familias, y más específicamente del cuarto hijo varón, Zac, que en las noches de luna llena no se transforma en lobizón sino en homosexual apenas reprimido. Dicho esto, desde luego, de manera figurada, porque con excepción de alguna escena fantástica, en la que Zac levanta vuelo en una iglesia por sobre todos los fieles (sensatamente, el director Jean-Marc Vallée no insiste luego en estas metáforas), la historia es realista.

«Crazy», su título original, alude tanto a ese aire de locura civilizada que se respira en el hogar de los Beaulieu, como al gran hit de la cantante country Patsy Cline, favorita junto a Charles Aznavour del padre de la familia. Exactamente el día de Navidad de 1960 la madre da a luz a Zac, y desde entonces son numerosas las razones por las que el recién nacido, que cae al suelo en la clínica cuando sus tres hermanos mayores quieren sostenerlo, no sea una persona corriente, incluyendo el hecho de que ni siquiera retendrá el privilegio de ser el menor, ya que algunos años después nacerá el quinto hijo.

Para el padre, intolerante por naturaleza, Zac es el favorito hasta que se rompe el pacto (simultáneamente a cuando también se rompe un Patsy Cline de colección); para su madre, una ferviente religiosa y paradójicamente mucho más liberal que su esposo, con Zac se establece un enfermizo vínculo de entendimiento y afinidad, casi como si se tratara de la hija que nunca tuvo.

Lo más interesante de la película es su forma no obvia de ocuparse de muchos temas tópicos: Zac es «distinto» pero tampoco es abiertamente gay; la escena de la primera entrevista con el psiquiatra al que lo lleva angustiosamente el padre, o el divertido e inesperado remate con el que cierra la escena en la que ambos padres discuten la posible homosexualidad del chico son un buen ejemplo, entre otros, de que no se está ante un film temático, sino a una historia moderna que salta de la comedia al drama sin preocuparse por dejar claro en qué categoría milita.

M.Z.

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