15 de junio 2000 - 00:00
"MISION IMPOSIBLE 2"
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Tan imprevisible y audaz en lo creativo como confiable a la hora de elaborar productos redituables, Woo sabe exacta-mente lo que quiere, cómo lo quiere, y qué necesita para plasmarlo en la pantalla.
Habiendo superado hace mucho los límites que le podía brindar la industria de Hong Kong, Woo es uno de los pocos directores modernos capaz de hacer rendir cada dólar de tal manera que la fortuna invertida en sus películas genere imágenes que superan todo lo conocido.
Durante el rodaje de « MI2» aparecieron en Internet todo tipo de rumores sobre tensas disputas entre Woo, Cruise y la Paramount, sobre el estilo y el presupuesto que necesitaba la película. Viendo el resultado final, estas discusiones no llaman la atención, ya que algunas de las mejores partes son lo bastante absurdas y pasadas de rosca como para dejar estupefacto a más de un típico ejecutivo del Hollywood actual. Sí sorprende que Woo haya salido vencedor: ésta es una de sus obras más persona-les y provocadoras, tan kitsch, imprevisible, ingenua y melodramática como sus más populares clásicos chinos.
Según el argumento de Robert Towne, el agente Ethan Hunt debe recuperar un virus que ha caído en poder de unos desalmados terroristas. Durante la primera mitad de la película Woo hace un delicioso ejercicio hitchcockiano, matizado por la extraña idea sobre el romance que tiene el director chino (algo que ya había ensayado en Hong Kong en una comedia romántico policial « Once a Thief»).
Los amantes, Cruise y la bella Thandie Newton, se seducen al ritmo de flamenco for export, o persiguiéndose y chocando sus automóviles hasta destrozarlos. Ella es la ex amante del ladrón del virus, por lo que el protagonista no tendrá más remedio que entregarla a otro hombre (como en « Notorius-Tuyo es mi corazón» de Hitchcock) para dar con el peligroso botín. A partir de una visita al laboratorio donde se produjo el virus, la acción explota y no da más respiro, convirtiéndose en una vertiginosa sucesión de tiroteos, acrobacias historietísticas, sacrificios amorosos y enfrentamientos de spaghetti western sin desperdicio, y sin otra lógica que la necesidad de Woo de sacudir al público de un modo similar al de los viejos seriales del cine mudo.
La avalancha de situaciones improbables, filmadas como sólo Woo sabe hacerlo, puede provocar gritos, silbidos, aplausos, chistes y risas en el público, dando la sensación de que la butaca no pertenece a un cine sino a algún tipo de juego mecánico de última gene-ración. Por eso, quien espere algo medianamente realista quizá quede dececpionado (de todos modos, sería un error pedirle eso a « Misión imposible»), pero quien pueda aceptar esta explosión visual tan descerebrada como creativa saldrá del cine con ganas de volver a subirse de inmediato en la increíble montaña rusa de John Woo.




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