Presentación de «Las mejores canciones del mundo». Ricardo Montaner. (Luna Park, 16 al 19 de agosto; repite del 23 al 26/8.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Ricardo Montaner debe recordar poco aquellas primeras visitas a la Argentina, a fines de los '80, traído de la mano de Alejandro Lerner, cuando su vestimenta se caracterizaba por unos jeans rotos y deshilachados, y cuando nadie esperaba por él. Mucho más lejana debe de estar su infancia en Valentín Alsina, adonde va, de todos modos, cada vez que viene a la Argentina para comer pastas domingueras con sus tíos. Era un niño cuando partió con su familia hacia Venezuela, donde se afincó y se nacionalizó. Y allí arrancó una carrera de baladista que lo vuelve a su propio país, varias décadas después, como un artista consagrado. Y esta nueva visita, más maduro, comprometido con sus creencias religiosas y solidarias, lo puso en el pico más alto de su popularidad. Algunos podrían haber pensado que la «etapa Montaner» estaba terminada, o que la decisión de grabar temas de otros autores como Serrat, Chico Buarque, Silvina Garré, Cobián-Cadícamo, Alejandro Sanz, Sandro para su disco «Las mejores canciones del mundo» significaba su ocaso como autor. Nada más lejos de la realidad. Porque el cantante llenó en sus varias presentaciones rosarinas y cordobesas, y está colmando cómodamente sus ocho funciones en el Luna Park (continuará hasta el domingo 26), y empieza a tener una aureola de respeto aún entre los críticos más exigentes.
Enorme manejando el escenario, una vez más Montaner se puso al público -mayoritariamente femenino, claro- en el bolsillo. Hizo varios temas del último álbum pero no omitió sus hits más clásicos como «Déjame llorar», «Será», «Quisiera», «Ojos negros», etc.. Se respaldó en una orquesta profesional y numerosa a la usanza pop internacional en la que tocan sus hijos Héctor y Ricardo Andrés. Mostró una escenografía descomunal pero también se hizo espacio para los momentos más íntimos. Armó la fiesta arrojando pelotas al público y cambió a la emoción lindante con la sensiblería cuando quiso. Así es Montaner; un cantante prolijo, un compositor inspirado, un showman que sabe relacionarse con la platea, un artista familiero y exitoso que está en uno de los mejores momentos de su carrera.
Dejá tu comentario