La gran Judi
Dench
sostiene con
admirable
dignidad
hasta los
momentos
más
inverosímiles
de «Mrs.
Henderson
presenta»,
por ejemplo,
esta
improbable
escena con
su empleado,
Bob Hoskins.
«Mrs. Henderson presenta» (Mrs. Henderson Presents, G. Bretaña, 2005, habl. en inglés). Dir.: S. Frears. Guión: M. Sherman. Int.: J. Dench, B. Hoskins, K. Reilly, W. Young, T. Barlow.
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El principal atractivo de esta película de Stephen Frears es Judi Dench. Todo indica que pese a los méritos del director de «Ropa limpia, negocios sucios», «Relaciones peligrosas», «Ambiciones prohibidas» y «Alta fidelidad» -para citar unos pocos títulos de una filmografía ecléctica en géneros y estilo- sin la formidable composición de Dench el resultado hubiera sido muy otro.
Para empezar, no siempre ocuparse de hechos y gente reales implica necesariamente «verdad» en la pantalla. Y la biografía de Laura Henderson, al menos como la cuenta Frears, se parece por momentos a esas reconstrucciones que hace el canal «Hallmark», agravado por el hecho de que se trata de un film de época, lo que exige mucho cuidado de puesta para que todo no parezca cartón pintado.
La señora Henderson real fue una dama excéntrica de la alta sociedad londinense de las primeras décadas del siglo XX, que quedó viuda a los 70 años y, para no aburrirse, siguió al pie de la letra el consejo de una amiga de «comprar cosas». Sin pensárselo dos veces compró un teatro de variedades, para sorpresa de la amiga cuyo consejo aludía a «aros y gargantillas», y de todo el refinado entorno que enseguida juzgó la ocurrencia como una insensatez.
Pero no; la anciana mujer contrató al empresario teatral Vivian Van Damm (Bob Hoskins), no sin antes indignarlo seriamente con un despectivo «Ese apellido no será judío, ¿no?». Lo cual dio comienzo a una relación conflictiva que duró años, durante los cuales mediante los contactos de ella y la habilidad de él, ambos lograron trampear las severas reglas que regían el show business británico y obtener una repercusión popular tan sorpresiva como resonante.
Todo el tiempo en que Laura Henderson se divierte con su chiche nuevo es divertido para el espectador, que puede llegar a simpatizar perfectamente con la atrabiliaria protagonista, pero debe hacer un esfuerzo para aceptar los giros vodevilescos que le imprime Frears al relato, acaso para que concuerde con el género al que ella consagró su teatro.
A decir verdad, siempre que Dench está en escena, la película es un verdadero placer, incluso cuando el argumento cae bruscamente en una suerte de melodrama con el advenimiento de la segunda guerra mundial. Sólo una actriz de su sensibilidad y su experiencia es capaz de sostener con dignidad admirable unos golpecitos bajos innecesarios y hasta un discurso antibélico de cuño hollywoodense, que en su expresión y su voz adquiere otra estatura como para emocionar genuinamente a la platea.
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