15 de junio 2001 - 00:00

Muerte y sexo en interesante drama británico

A flor de piel.
"A flor de piel".
«A flor de piel» («Under the Skin», Gran Bretaña, 1997, habl. en inglés). Dir.: Carine Adler; Int.: S. Morton, C. Rushbrook, R. Tushingham, S. Townsend, M. Delamere, C. Tremarco.

Impresionan muy bien CariIne Adler y Samantha Morton en este film donde ambas debutan, la primera como realizadora, y la segunda como protagonista. Juntas desarrollan con verdadera sensibilidad un tema bastante delicado, que puede sintetizarse del siguiente modo: ante la muerte de su madre, una chica desconcertada se pierde entre los celos fraternos y la apertura sexual a nuevas experiencias, hasta encontrar el sostén necesario para una nueva etapa de su vida. Ignoramos si hay algo autobiográfico, pero es un relato inteligente, aun cuando termine con un final (casi) feliz, algo apresurado.

Maliciosamente, también podría resumirse de otro modo: una chica huérfana busca alguien con quién conversar, por lo cual larga al novio, se acuesta con más de uno, y discute con el resto, hasta ponerse de acuerdo. Pero esto sería apenas la superficie del asunto.

Lo cierto es que el drama de su relativa promiscuidad, una experiencia a veces gratificante, a veces humillante, pero siempre engañosa, es apenas la consecuencia de otro drama mayor, el de haberse sentido desatendida por su propia familia. En el fondo, es apenas una criatura de 19 años, que sobrevive como empleaducha de tienda, sin mayor talento, pero con evidente sensibilidad.

Adler, surgida de la escuela estatal inglesa de cine y televisión, y fogueada como cortometrajista y guionista televisiva, vuelca sus conocimientos sobre las personas, sobre el manejo de actores, y sobre el cine, con innegable habilidad, y -es comprensible-también con regodeos de debutante.

Son destacables el uso dramático de un tema bailable, el enfrentamiento de una cremación y un relato erótico, el montaje nervioso durante una caminata, para indicar que algo se está terminando de romper entre las hermanas, o la aparentemente casual figura de un hipocampo cuando se están discutiendo ciertos temas, e incluso la surrealista aparición de la madre en una oficina de objetos perdidos, o el modo en que las hermanas se niegan mutuamente el reencuentro con objetos queridos.

Morton pone cuerpo y alma, y es una revelación a tener en cuenta. De sus partenaires, Claire Rushbrook («Secretos y mentiras») y Rita Tushingham, ni hace falta hablar.

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