Murió ayer, centenario, el científico y filósofo argentino Mario Bunge

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Desde el golpe de Onganía vivía en Canadá. Combatió las pseudociencias.

El científico y pensador argentino Mario Bunge murió ayer a los 100 años en un hospital de Montreal, Canadá, donde vivía desde hace más de cinco décadas. Su deceso fue comunicado por la Fundación Princesa de Asturias en su página web. La familia no realizará ningún tipo de ceremonia, tal como era el deseo del científico. Bunge estudió física y matemática y fue profesor de física teórica y filosofía en la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad de Buenos Aires.

Con el onganiato y la tristemente célebre “noche de los bastones largos” emigró de la Argentina, junto a otros científicos, y se estableció en Montreal, en 1966, donde dictó lógica y metafísica en la Universidad McGill. Durante toda su vida combatió lo que él consideraba las formas cuasi científicas, como el psicoanálisis, al que despreciaba, al igual que toda forma de pensamiento religioso.

Era hijo de Augusto Bunge, un médico y diputado socialista, y de Maria Müser, una enfermera alemana. Estaba casado con Marta Cavallo, una matemática italiana y tenía cuatro hijos, 10 nietos y otros tantos bisnietos. Bunge fue fundador de la revista de filosofía “Minerva” (1944-45), y cofundador de la Asociación Rioplatense de Lógica y Filosofía Científica (1956), de la que fue presidente. Irrumpió como autor en 1959 en el campo de la Teoría de la Ciencia con su obra “Causality: The Place of the Causal Principle in Modern Science”, traducida a siete idiomas, y en la que defiende un principio ampliado del determinismo en la ciencia moderna.

En 1967 publicó su tratado de teoría de la ciencia, “Scientific Research”, traducido dos años después al castellano, y cuya repercusión entre los estudiosos de la filosofía de la ciencia fue notoria. Entre sus obras en lengua castellana se destacan además “Teoría y realidad”, “Filosofía de la física”, “Epistemología, Materialismo y ciencia”, “El problema mente-cerebro” y “Economía y filosofía”. Entre 1969 y 1989 trabajó en la construcción de un sistema filosófico que abarcara la ontología, la semántica, la teoría del conocimiento, la filosofía de la ciencia y de la tecnología, la teoría de valores y la ética.

Con más de 50 libros y 500 artículos, Bunge fue un pensador muy citado por sus colegas, que lo trasformaron en una referencia para sus trabajos, aunque también fue muy combatido por sus posiciones radicales contra todo lo que, para él, representara un pensamiento mistificador. No sólo todo el llamado estructuralismo francés fue objeto de sus befas, sino hasta pensadores como Husserl o Heidegger.

Fue distinguido con dieciséis doctorados honoris causa y cuatro profesorados honorarios; en 2009 recibió el Guggenheim Fellowship y en 2014 el Premio Ludwig von Bertalanffy. En 1982 le fue concedido el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en la segunda edición de los premios que llevan el título del heredero de la Corona española. En 2014 publicó una extensa autobiografía llamada “Memorias. Entre dos mundos”, que editó Eudeba y Gedisal, que escribió enteramente de memoria, sin la ayuda de cuadernos de notas ni otro apoyo. “Rendimos homenaje a Mario Bunge, prolífico científico y filósofo argentino, fallecido a los 100 años. Bunge fue maestro e inspiración para toda una generación de investigadores”, escribió ayer la UNESCO en su cuenta de Twitter.

Anthony Ricciardi, profesor de la universidad canadiense McGuill, donde trabajó Bunge, compartió el link del ensayo “¿Qué son las pseudociencias?” del filósofo y aseveró que ese trabajo “es más relevante ahora que hace 35 años cuando fue escrito”.

La Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires tuiteó: “Lamentamos el fallecimiento de Mario Bunge. Físico egresado y profesor de cuántica de nuestra Facultad, ganó reconocimiento mundial por sus trabajos en epistemología”.

Bunge donó en 2013 su archivo personal a la biblioteca de la facultad donde realizó sus estudios.

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