4 de enero 2005 - 00:00

Museo de arquitecto japonés, una obra de arte en sí mismo

Vista interior del recientemente inaugurado Museo de Arte Moderno de Fort Worth, Texas, diseñado por el arquitecto japonés Tadao Ando.
Vista interior del recientemente inaugurado Museo de Arte Moderno de Fort Worth, Texas, diseñado por el arquitecto japonés Tadao Ando.
El nuevo Museo de Arte Moderno de Fort Worth, Texas, diseñado por el arquitecto japonés Tadao Ando es en sí mismo una obra de arte de cristal y cemento. En este edificio, Ando -un ex boxeador de Kyoto- lleva a cabo su propuesta, muchas veces enunciada, de «crear universos espirituales con espacios tan fuertes y profundos que puedan conmover a la gente que entra en contacto con ellos».

Este propósito, que había logrado ya en sus primeras capillas luminosas en Japón, como «La Iglesia de la luz» (1989) y el «Templo del Agua» (1991), lo reitera en el Museo de Fort Worth. La dirección del Museo le solicitó que planteara espacios y vistas que sirvieran como descansos en el recorrido por las obras de arte. Ando diseñólos pabellones como grandescajas de cristal con corazones «médulas» de concreto. La luz diurna es el alma del diseño para Ando. Para introducirla en las galerías sin dañar las obras, desarrolló un sistema sofisticado de filtros. Creó espacios equilibrados que permiten un recorrido donde los visitantes pueden comulgar con las pinturas y esculturas y, a la vez, con la naturaleza. Aunque es una obra monumental el diseño no abruma al espectador y, por el contrario, pone de manifiesto la importancia de la mano de obra artesanal y los valores espaciales de la soledad y el silencio. La fachada principal, a lo largo de la calle Darnell, es un collage de aluminio y vidrio. Al ingresar al hall central, el espacio se abre hacia un jardín de esculturas con una fuente y un espejo de agua que rebota la luz de las paredes hacia las esquinas. El efecto de desmaterialización que sólo deja ver agua, tierra y cielo, es un singular equilibrio de los elementos de la naturaleza y la arquitectura. Múltiples detalles y elementos se conjugan en una especie de cáscara envoltorio de aluminio y vidrio, y un compacto corazón de cemento. Este juego entre el interior y el exterior caracteriza toda la obra.

• Sorpresas

La estructura está llena de sorpresas que Ando ha ido formulando al contrastar elementos diversos: sólido y vacío, pesado y liviano, abierto y cerrado, Este y Oeste. Fue un concurso en el que participaron arquitectos reconocidos internacionalmente como Arata Isozaki y Ricardo Legorreta, entre otros, y Ando fue el premiado por una obra que resultó ser uno de sus más grandes desafíos. El Museo de Arte Moderno está ubicado frente al Kimbell Art Museum, una gran obra maestra de Louis Kahn, a quien Ando siempre admiró. Como en las obras del gran arquitecto, en las de Ando la iluminación tiene cuerpo y dimensión.

Para Ando, Kimbell es la suma de destreza Modernista, luego de la cual la arquitectura se transformó en un pastiche histórico o en una ironía vacía. En Fort Worth se reconocen algunos «homenajes» obvios a Kahn, por ejemplo en el juego de los pabellones, en el uso natural de la luz, en la integración del edificio con el paisaje, y principalmente en la alta calidad estructural del edificio. Su deseo -dijo- era « alcanzar el nivel de Kahn y crear un vínculo con su gran obra (Kimbell) que es totalmente actual».

Aparece como introducción al público, una escultura de Anselm Kiefer «Book with Wings». Además, otra pintura del gran artista alemán domina la pared final; en el otro lado, un pequeño autorretrato de Francis Bacon hace contrapunto. De las 2.750 obras de la colección permanente, el curador Michael Auping eligió para exhibir sólo 154: una aguda instalación en la que lo menos se transforma en más, y la resta es más elocuente que la suma. La sala principal son amplios rectángulos blancos acordes con la escala de las obras de los grandes artistas americanos Robert Motherwell o Jackson Pollock.

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