Espectáculos

Sergio De Loof en el Mamba: volver a los 90 a través de la estética

La muestra del diseñador y decorador de culto del under porteño ocupa nueve salas en el Museo, algunas tapizadas con sedas como un harén.

El artista Sergio De Loof (1962) pidió inaugurar con música su extensa exposición en el Museo de Arte Moderno porteño. El jueves pasado, respondiendo a esta demanda, la Orquesta Sinfónica de Buenos Aires ocupó la Avenida San Juan e interpretó una selección de temas que emocionó a la gente del barrio y al público cada día más numeroso del Moderno también. “¿Sentiste hablar de mí?” se llama la muestra de De Loof curada por Lucrecia Palacios Hidalgo. Con un montaje escenográfico y efectos teatrales, el esplendor de la exhibición puso en relieve la desmesurada imaginación de De Loof y la apertura del Museo al mundo de la moda.

Desde su debut, a fines de la década del ochenta, el artista, diseñador, fotógrafo y decorador de culto del under porteño, despierta el interés de sus colegas artistas, coleccionistas y amantes del arte. En bares, restaurantes y discotecas como Bolivia, El Dorado, Ave Porco o El Morocco; centros culturales, galerías de arte y la feria arte BA, se recuerdan todavía sus ya míticos desfiles y ambientaciones de fábula. Bautizados como Trash Rococó, sus diseños son herederos de la fascinación de la sociedad criolla por el estilo francés, las pinturas de Fragonard y los palacetes de nuestro dorado fin del XIX y principio del siglo XX.

La exhibición de De Loof ocupó nueve salas en el Museo porteño, algunas, completamente tapizadas con sedas y almohadones en el piso como si fuera un harén, otras, cargadas con ornamentos, molduras, putis, lámparas de cristal y espejos sobre un verde palaciego. Allí mismo, frente a los maniquíes y durante el vernissage, el público recordó de inmediato varias exhibiciones gloriosas, como el homenaje a Versace en el Met o, la muestra de las posesiones del modisto Yves Saint Laurent en el Grand Palais de París.

La moda, parienta veleidosa de las artes, viene escalando posiciones en el mundo de la cultura y ha desplegado su seducción en los museos internacionales. El MOMA o el Metropolitan de Nueva York, entre otros, poseen departamentos dedicados a esta disciplina y las muestras top (término que utiliza De Loof) conquistaron a sus fans. La muestra del MAMBA, después de las de Eduardo Costa y Delia Cancela, viene a romper con el aislamiento de los museos argentinos que, hasta hoy, tuvieron a la moda como invitada para realizar performances, pero nunca obras. El clima moderado de una Feria arte BA se transformó de repente en delirante, había comenzado el desfile de moda organizado por el galerista Daniel Abate con De Loof, donde desfilaron coleccionistas y galeristas como Mauro Herlitzka.

Hoy, la muestra rescata el conceptualismo de De Loof, su idea de crear diseños “para pobres y feos”. Nuestro artista supo advertir que la excelencia de la moda no depende exclusivamente del dinero y, más allá del corrosivo humor del enunciado, enfrentó la realidad. Los creadores argentinos difícilmente conseguían financiar creaciones deslumbrantes, ni siquiera durante la falsa prosperidad de la pizza y el champagne de los años 90. En este contexto desfavorable, el camino que encontró De Loof fue poner en juego el encanto de los objetos rescatados de cualquier lado, incluso de la basura, y les brindó un estatus inesperado. El humor y el glamour configuran la gracia de su arte. No obstante, cabe aclarar que, si bien figuran en la muestra los vestidos de gala de papel madera y otros materiales de descarte, el Museo no ahorró un centavo en el espléndido montaje.

“Es una obra faraónica en la que se dan cita pasillos palaciegos, obras de teatro, una tienda que vende sus creaciones, una biblioteca, un carnaval. El recorrido hace hincapié en sus desfiles y vestimentas, e incluye sus diarios, una selección de materiales documentales inéditos, sus intervenciones en la revista Wipe, sus pinturas e instalaciones desde mediados de los ochenta hasta hoy. La exposición da cuenta de la creatividad enardecida y desbordante”.

Entre las mesas con rosas y bellísimos adornos, los espacios donde venden ropa y alguna bijouterie, figuran las excelentes pinturas de De Loof y las obras que tuvieron a la artista Victoria Colmegna como gestora de una exhibición producida y montada en un sólo día. Con el énfasis y la alegría que animó la década del 90 y el desparpajo que lo caracteriza, De Loof arrancó las páginas de las obras de los “Grandes maestros de la Pintura”, las cruzó con los rasgos poderosos de su firma y las pegó en las paredes. De este modo intervino obras cumbre del arte como “Los Girasoles” y el “Retrato del Doctor Gachet” de Van Gogh; la “Venus del espejo” de Velázquez, las mujeres de Modigliani, Toulose Lautrec y Gauguin; las pinturas del Aduanero Rousseau, las del genio de Rembrandt y la Venus de Boticcelli.

¿No defendía el teórico Bonito Oliva el “robo con destreza”? El gesto tan poético como juguetón, cobra sentido para quienes saben que De Loof es un excelente pintor.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Temas

Dejá tu comentario