11 de mayo 2000 - 00:00

"MUSICA DEL CORAZON"

H ollywood ha filmado cientos de veces historias ejemplares como ésta. El problema es que, como ya tiene el molde, todas suelen salir igual, no importa la particularidad del ejemplo de vida de turno ni tampoco el director. Aquí, el que firma es Wes Craven (el creador de la serie de terror «Scream» en busca de otro tipo de emociones), pero podría haber sido cualquier otro. Craven se ajustó a los estándares del género, acaso convencido de que son inevitables ya que, a la larga, estas historias se imponen o fracasan por sí mismas, como en la realidad. En eso acertó.
El casting es un elemento fundamental para la eficacia de la fórmula y, en el caso, es de reconocer que después de ver un film que vuelve aceptable hasta la frase del título, se hace difícil imaginar a otra actriz que no sea Meryl Streep en el papel principal. Quedará en el misterio cómo hubiera encajado Madonna (la primera candidata) en el deliberado medio tono del guión basado en la biografía real de Roberta Guaspari, una mujer que enseñó a tocar el violín a varias generaciones de alumnos de una escuela primaria pública de Harlem.

 Tradición

Siguiendo la tradición, una cosa es el despojo del principio por culpa del abandono de un marido infiel, y muy otra la persona que termina agradeciendo a ese marido la posibilidad de probar fuera de casa el sistema que creó para iniciar en la música a sus hijos.
En el medio, por supuesto, debe enfrentar los obstáculos del entorno social en el que recala, sumados a la desidia de quienes manejan el presupuesto educativo, hasta llevar a sus discípulos más talentosos al Carnegie Hall, junto a figuras como
Isaac Stern, Itzhak Perlman y Arnold Steinhardt, entre muchos otros que, como ellos, tocan con los chicos en el apoteótico final.
Claro que ese medio tono no impide sospechar que en su larga permanencia en Harlem, Roberta tiene que habérselas visto con cuestiones un tanto más duras que la lavada resistencia de una madre negra que no quiere «blancas convencidas de poder salvar a nuestros hijos». Del mismo modo, algunos diálogos hacen suponer que el nada «psicológico» método didáctico de Guaspari iba (va todavía) más allá de la dulce estrictez de Meryl Streep. Al fin y al cabo, éste es el relato de otro triunfo de la voluntad y no una película de Spike Lee.
De modo que, aun con sensación de déjà vu, se ve con satisfacción y se disfruta de buena música, siempre y cuando no sea ésa que, fatalmente, tenía que subrayarlo todo, en especial los momentos emotivos.

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