1 de marzo 2007 - 00:00

Ni con peleas virtuales convence el viejo Rocky

«Rocky Balboa» es un intento fallido de devolver al ring (y al cine) al famoso pugilistade otros tiempos, pese a las técnicas de animación digital y a la elaborada estética dela primera parte del film.
«Rocky Balboa» es un intento fallido de devolver al ring (y al cine) al famoso pugilista de otros tiempos, pese a las técnicas de animación digital y a la elaborada estética de la primera parte del film.
«Rocky Balboa» (EE.UU., 2006, habl. en inglés) Dir.: S. Stallone. Int.: S. Stallone, B. Young, A. Tarver, G. Hughes, M. Ventimiglia, A.J. Venza.

Igual que su alter ego Rocky, Sylvester Stallone parece no poder hacer otra cosa que vivir de glorias pasadas, es decir de sólidas, casi indestructibles, fanquicias cinematográficas como Rambo (que cada tanto amenaza con un contrataque) o, mejor aún, la eterna saga pugilística ahora rebautizada «Rocky Balboa».

El título es lo más original (la introducción del apellido fue producto seguramente de tratar de diferenciarse de la flojísima «Rocky V»), aunque a favor de Stallone hay que decir que los climas melodramático-nostálgicos de la primera media hora del film están apoyados por una elaborada estética, desde la fotografía y la dirección de arte, y que luego la puesta en escena del clímax boxístico intenta un estilo de montaje moderno y dinámico muy interesante.

Sin embargo, argumentalmente no hay mucho que pueda ofrecer este sexto Rocky. El protagonista vive de su pasado, y siempre está dispuesto a que cualquier desconocido se saque una foto con él, ya sea en su restaurante o en cualquier otro lado, lo que incomoda un poco a su hijo, distanciado desde la muerte tiempo atrás de su esposa (Talia Shire). En la nueva moda de peleas virtuales de animación digital, se muestra que Balboa en su mejor época hubiera noqueado al actual campeón (Antonio Tarver), por lo que su representante termina arreglando una pelea en Las Vegas entre el joven atleta y el veterano retirado que lo dobla en edad. Obviamente esta trama no tiene mucho sentido, e incluso demora demasiado en arrancar. Iniciada la parte de acción, le faltan vueltas de tuerca para generar un poco de suspenso. Para suplir eso está la ya la clásica música de Bill Conti, ahora con nuevos arreglos muy divertidos y hasta chirriantes solos de guitarra para el regreso de Rocky a la agotadoras prácticas para ponerse en forma, huevos crudos incluidos. Falta romance, política (como en la divertida y reaganiana «Rocky IV»), humor y Burgess Meredith, pero al menos sigue Burt Young y hay un breve cameo de Mike Tyson haciendo de sí mismo.

En fin, quien esté dispuesto a pagar una entrada de cine para ver «Rocky Balboa» ya debe saber qué puede esperar de esta película, que tal vez tenga bastante éxito como para generar una nueva saga, ahora de Rocky Balboa.

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