2 de enero 2001 - 00:00

No muy cómodo, pero buen acto tanguero

(02/01/2001) Por cierto hubo momentos artísticos buenos: con la pugliesiana orquesta de Beba Pugliese, con la Color Tango, con el innovador trío de Julio Pane, con la destreza y la profunda «tanguidad» de los bailarines Miguel Angel Zotto, María Nieves y Erica Boaglio.

Pero es sabido que un espacio al aire libre, sobre todo tratándose de tango, que requiere una audición más detallada, no es el mejor lugar para escuchar música; por la incomodidad de estar de pie -para aquellos que no pudieron ocupar algunas de las mesitas y sillas instaladas en plena avenida Corrientes-, por la calidad del sonido -que en este caso fue muy bueno-, y por el ruido callejero.

En este caso, el eje estuvo en otra parte. Y fue en la fiesta popular de la que participaron, de diferentes maneras, unas tres mil personas. Algunos optaron simplemente por escuchar y ver a los músicos y a los bailarines. Otros lo tomaron como una buena opción de salida gratuita de fin de semana y eligieron charlar con buena música de fondo.

Pero hubo un grupo que se tomó en serio la propuesta de la milonga callejera y se preparó, inclusive desde la vestimenta, para una noche de bailongo.

Y si bien no es la de asfalto la pista más adecuada para bailar el tango -sería imposible «sacarle viruta», como sugiere el dicho popular-, una centena de bailarines no se privaron del placer de disfrutar, con sus compañeros fijos u ocasionales, de unos cuantos tangos, valses y milongas. Y de prepararse, en movimiento, para el festival tanguero que tendrá lugar en la última semana de febrero.

Seguramente por una cuestión de edad, ninguno de los funcionarios del Gobierno de la Ciudad del área de cultura son especialistas en el baile del tango. El backstage de la milonga callejera que se hizo el sábado a la noche reunió a los más altos funcionarios de la ciudad, pero todos demostraron que su fuerte no está precisamente en la danza porteña.

El secretario Jorge Telerman y sus subsecretarios Ricardo Manetti y Javier Grosman ni siquiera intentaron mover los pies. La esposa del jefe de Gobierno, Marcela Heiss -remerita fucsia ajustada y unos pantalones blancos semi traslúcidos-probó alguna clase rápida con un bailarín de corte punk y aritos, casi tan inexperto como ella.

Y, a pedido de algún fotógrafo,
Aníbal Ibarra -informal, de remera negra y vaqueros-se animó, con escaso éxito, con Cecilia Felgueras, quien no olvidó su trajecito celeste.

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