10 de julio 2008 - 00:00
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Daulte: «Si
acá pongo a
un actor de
40 a hacer un
papel de 40
no sería
creíble. Por
eso, mis
actores son
mayores.
Nadie
creería, como
en España,
que Mirás o
Sbaraglia
puedan
pensar en la
jubilación».
Leyrado es un político ambicioso que se encuentra en un momento muy alto de su carrera, mientras que Arana encarna a un director teatral de moda, que maneja un lenguaje rupturista.
P.: Según un crítico español «Baraka» refleja la crisis de los 40, pero estos actores tienen unos cuantos años más.
J.D.: Es que acá, en la Argentina, la vida atrasa. Los europeos, a los cuarenta años, ya están establecidos y sólo se dedican a pensar en su jubilación. Pero acá eso recién ocurre entre los 50 y 60, y a veces ni siquiera a esa edad tenemos la seguridad de poder tener un retiro digno.
Nuestra agenda no pasa de la semana que viene, porque hay que asegurarse día a día la supervivencia. Si esta obra estuviera protagonizada por Fernán Mirás o Leo Sbaraglia nadie les creería que sean unos señores ya muy instalados. Leyrado resulta convincente como ministro de gabinete, pero a Pablo Echarri no lo puedo imaginar en ese papel, no por falta de talento sino porque en nuestro imaginario los cuarenta no es una edad para asentarse.
P.: ¿No cree que «Baraka» tiene varios puntos en comúncon «Art», la pieza de Yasmina Reza?
J.D.: Yo trato de no acordarme de «Art», pero es verdad que tienen varias cosas en común. A mí, particulamente, «Baraka» me parece una obra más adulta. Tiene tanto humor como «Art» y a la vez es menos frívola. Quizás no sea una pieza tan redonda, pero tiene una propuesta de más riesgo. Me parece fantástico que se haga en el circuito comercial, porque tiene algo de espejo y porque muestra el precio que se paga cuando se antepone la conveniencia a la amistad. Creo que nos olvidamos de que la vida es una sola, uno no hace amigos en cada esquina. Otro amigo español me contaba que cuando tuvieron el gran boom económico, si a uno le aumentaban el sueldo cambiaba de auto y cambiaba de amigos. Y eso que en una sociedad como la española el concepto de amistad está muy instalado.
P.: Usted pasa largas temporadas en España.
J.D.: Sí. Me parece un país fantástico aunque tenga miles de problemas. Siempre me sentí cómodo allí y no creo que haya inmigrante mejor recibido en ningún lugar del mundo que el argentino en España.
P.: ¿Y las diferencias de vocabulario y de costumbres?
J.D.: Las grandes diferencias se ven de lejos; cuando uno permanece mucho tiempo dentro de una comunidad que no es la propia se da cuenta de que los seres humanos somos todos iguales. Sobre todo en las grandes ciudades. Como decía Federico Luppi en «Martín Hache»: «Yo me siento más cerca de un europeo que de un salteño». Creo que a todos los porteños nos pasa un poco eso. Nunca podría radicarme en España, porque aquí tengo a mi hijo, mi pareja, todo, y además Buenos Aires es el spa del teatro del mundo. Los actores españoles suelen venir por un mes a respirar teatro y vuelven renovados.
Entrevista de Patricia Espinosa


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