10 de julio 2008 - 00:00

"No sólo la pareja sino la amistad está hoy en crisis"

Daulte: «Siacá pongo aun actor de40 a hacer unpapel de 40no seríacreíble. Poreso, misactores sonmayores.Nadiecreería, comoen España,que Mirás oSbaragliapuedanpensar en lajubilación».
Daulte: «Si acá pongo a un actor de 40 a hacer un papel de 40 no sería creíble. Por eso, mis actores son mayores. Nadie creería, como en España, que Mirás o Sbaraglia puedan pensar en la jubilación».
Sus puestas revolucionaron el teatro catalán, es director artístico de la sala Villarroel de Barcelona y ahora avanza sobre Madrid. Antes de regresar a España para montar su pieza «¿Estás ahí?», esta vez con elenco madrileño, Javier Daulte dirige por primera vez, en Buenos Aires una obra de teatro comercial.

Dialogamos con él sobre el estreno de «Baraka» (Teatro Metropolitan II), de la dramaturga holandesa María Goos protagonizada por los ex «Mosqueteros» Hugo Arana, Darío Grandinetti, Juan Leyrado y Jorge Marrale.

Periodista: ¿Cuál es el atractivo de esta obra que Kevin Spacey dirigió en el Old Vic de Londres?

Javier Daulte: Es una obra que habla de la amistad y de sus límites. Justamente desacraliza uno de los pocos vínculos que aún siguen idealizados hasta la locura. Se ha cuestionado mucho a la pareja, a las relaciones entre padres e hijos, y a la familia misma. En cambio, la amistad es uno de los pocos vínculos sociales que ha permanecido intocable, y ahora nos encontramos en una época en donde la deslealtad ha dejado de ser una mala palabra. Como dice una amiga española, la sociedad occidental ha conseguido que la voluntad de enriquecerse sea vista como un valor. Lo mismo que el exitismo y el afán de triunfar en el rubro que sea. Fíjese lo que está sucediendo en Europa, cada vez hay más mujeres que se privan de ser madres para poder avanzar en su carrera.

P.: ¿Podría describir el perfilde los protagonistas?

J.D.: Este es un reencuentro entre cuatro amigos que veinticinco años atrás eran un grupo muy unido. Ahora se han vuelto a reunir por circunstancias muy particulares. Grandinetti es un funcionario público del área cultural que al encontrarse en problemas recurre a su amigo abogado (Marrale) para que lo asesore legalmente.

Leyrado es un político ambicioso que se encuentra en un momento muy alto de su carrera, mientras que Arana encarna a un director teatral de moda, que maneja un lenguaje rupturista.

P.: Según un crítico español «Baraka» refleja la crisis de los 40, pero estos actores tienen unos cuantos años más.

J.D.: Es que acá, en la Argentina, la vida atrasa. Los europeos, a los cuarenta años, ya están establecidos y sólo se dedican a pensar en su jubilación. Pero acá eso recién ocurre entre los 50 y 60, y a veces ni siquiera a esa edad tenemos la seguridad de poder tener un retiro digno.

Nuestra agenda no pasa de la semana que viene, porque hay que asegurarse día a día la supervivencia. Si esta obra estuviera protagonizada por Fernán Mirás o Leo Sbaraglia nadie les creería que sean unos señores ya muy instalados. Leyrado resulta convincente como ministro de gabinete, pero a Pablo Echarri no lo puedo imaginar en ese papel, no por falta de talento sino porque en nuestro imaginario los cuarenta no es una edad para asentarse.

P.: ¿No cree que «Baraka» tiene varios puntos en comúncon «Art», la pieza de Yasmina Reza?

J.D.: Yo trato de no acordarme de «Art», pero es verdad que tienen varias cosas en común. A mí, particulamente, «Baraka» me parece una obra más adulta. Tiene tanto humor como «Art» y a la vez es menos frívola. Quizás no sea una pieza tan redonda, pero tiene una propuesta de más riesgo. Me parece fantástico que se haga en el circuito comercial, porque tiene algo de espejo y porque muestra el precio que se paga cuando se antepone la conveniencia a la amistad. Creo que nos olvidamos de que la vida es una sola, uno no hace amigos en cada esquina. Otro amigo español me contaba que cuando tuvieron el gran boom económico, si a uno le aumentaban el sueldo cambiaba de auto y cambiaba de amigos. Y eso que en una sociedad como la española el concepto de amistad está muy instalado.

P.: Usted pasa largas temporadas en España.

J.D.: Sí. Me parece un país fantástico aunque tenga miles de problemas. Siempre me sentí cómodo allí y no creo que haya inmigrante mejor recibido en ningún lugar del mundo que el argentino en España.

P.: ¿Y las diferencias de vocabulario y de costumbres?

J.D.: Las grandes diferencias se ven de lejos; cuando uno permanece mucho tiempo dentro de una comunidad que no es la propia se da cuenta de que los seres humanos somos todos iguales. Sobre todo en las grandes ciudades. Como decía Federico Luppi en «Martín Hache»: «Yo me siento más cerca de un europeo que de un salteño». Creo que a todos los porteños nos pasa un poco eso. Nunca podría radicarme en España, porque aquí tengo a mi hijo, mi pareja, todo, y además Buenos Aires es el spa del teatro del mundo. Los actores españoles suelen venir por un mes a respirar teatro y vuelven renovados.

Entrevista de Patricia Espinosa

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