E l revelador acto de sumergirse en el pasado o en lo que ya ha sido hecho, es el desafío de la dualidad tradición-contemporaneidad, el choque frontal con el enigma de aquellas fuerzas a las que se refería Paul Klee, que hace que seamos «uno con el Universo». Esta es la puerta estrecha por la que debe pasar el artista para poder extraer y proyectar sus experiencias que se agregarán a las de sus predecesores y esta reflexión nos introduce en el quehacer escultórico de Norma D' Ippolito. Así como años luz es una unidad que mide los espacios celestes, su unidad de medida es «20 Años-Piedra», título que le ha dado a su muestra, de carácter celebratorio, que se exhibe en el Museo Sívori (Av. Infanta Isabel 555).
Son alrededor de 20 obras, desde sus primeras tallas en esteatita realizadas en 1983 y «Tauromaquia» en las que se demora en el tratamiento de superficie. Más adelante el espacio adquiere protagonismo, pero más esenciales son los espacios internos que D'Ippolito logra en el curso de su búsqueda. Hacia 1992, la muestra «Bestiario» presentada en la Galería Suipacha, constituyó un cambio fundamental ya que la concreción de elementos zoomórficos la lleva a la abstracción.
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En la búsqueda de nuevas áreas de expresión, encuentra un tema ancestral: el desnudo femenino, que habla de Eros y del origen de la vida. Pero la artista no copia fielmente la anatomía. En sí mismo es un fragmento, pies, manos, caras han sido suprimidos, el cuerpo aparece sugerido, despersonalizado, la mujer abstracta. Las torsiones permiten ángulos simultáneos de visión y generan un cierto temblor en la materia, quebrando así la inmovilidad pétrea del Carrara. D'Ippolito se apasiona con la sutileza de la luz sobre la superficie y gran parte de estas figuras remiten a una belleza serena, límpida, mediterránea. Esa luz acentúa la tersura de las piezas pulidas en las que muchas veces se conjuga lo opuesto, es decir, partes rugosas, propias de la piedra en las que la herramienta ha dejado su huella. Ejemplo de ello son «Cara y Ceca», «Cuerpo y Alma», «Luz y Sombra».
Hay obras que exigen una doble lectura, como lo señala Hugo F. Bauzá en el prólogo del catálogo, «en el más puro estilo borgeano, la del espejo y la bipolaridad entre anverso y reverso». Esta escultora no se ha sometido a cánones ni movimientos . Perfeccionista y obsesiva , ama a los clásicos y se alimenta del pasado para reinventar permanentemente su apasionado quehacer del presente. Clausura el 10 de Agosto.
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