Las carmelitas de la ópera de Francis Poulenc en esta estupenda versión que puso en escena Marcelo Lombardero en el Teatro Colón.
«Diálogos de Carmelitas», ópera de Francis Poulenc. Con G. Oddone, V. Torres, E. Folger,V. Cirkovic, V. Correa Dupuy, A. Mastrángelo, E. Bayon y elenco. Régie: M. Lombardero. Esc.: D. Siliano. Vest.: L. Gutman. Ilum.: R. Traferri. Dir. Coro: M. Martinez. Orq. Estable, Dir.: J. Latham-Koenig. (8/9, Teatro Colón, Gran Abono).
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Una de las más notables creaciones operísticas de mediados del Siglo XX subió a escena en el Colón. Todos los elementos necesarios para llevar adelante sus doce escenas en tres actos, de casi una hora cada uno, estaban dispuestos con precisión, lo que permitió seguir la narración con interés, suspenso y momentos francamente emocionantes.
El sustento básico es la música, con abundancia de melodismo francés definitivamente eufónico (agradable al oído), con identificables motivos conductores, siendo fundamental el del miedo; la interpolación de cantos religiosos en latín conmueve por su estado de pureza, tanto en el «Réquiem», el «Ave María» y el «Salve Regina» final, con su polifonía que se extingue a medida que las carmelitas van pasando valientemente, e imbuidas de fe, al cadalso.
El director Jan Latham-Koenig conoce bien la partitura; frente a un orgánico enorme, más piano, plaquetas y dos arpas, mantuvo un notable equilibrio entre el foso y el escenario; todos los cantantes fueron audibles, aun en los más encendidos crescendos. Orquesta y director merecen elogios y la ovación que se les tributó.
Meritorio también el elenco de cantantes, a ninguno se les encuentra fallas -algún pulido en la dicción francesa en algún caso aislado. El estilo declamatorio de Poulenc parece haber sido comprendido y estudiado seriamente por todos. Resaltó la conmovedora escena lograda por Vera Cirkovic como M. De Croissy previa a su muerte, tanto en la profundidad de sus dichos como en el patetismo de sus espasmos. Graciela Oddone como Blanche se reveló como actriz dramática por sobre el encanto de su voz; Adriana Mastrángelo impuso un temperamento severo, Eliana Bayon y Virginia Correa Dupuy excelentes. Una gran oportunidad para el tenor Enrique Folger, y en la tercera escena del segundo acto estuvo formidable Víctor Torres en breve pero decisiva aparición.
La escenografía es una protagonista más, Diego Siliano firma un trabajo de primera categoría, jerarquizado con las luces de Traferri y el sobrio vestuario de Gutman. Un espectáculo imperdible.
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