6 de enero 2000 - 00:00

"NUESTRO AMOR"

Hace años Rob Reiner logró una de las grandes comedias románticas modernas con «Cuando Harry conoció a Sally». Ahora «Nuestro amor» intenta dar un escalón más a los conflictos de pareja, algo así como «Cuando Bruce Willis conoció demasiado a Michelle Pfeiffer».
Es que justamente uno de los problemas esenciales de «Nuestro amor» es que la pareja protagónica nunca llega a darles vida en serio a sus personajes, siempre son dos celebridades jugando al matrimonio conflictuado.

 Poco humor

Otro problema es que la película está plan-teada como una de esas comedias románticas con toques melodramáticos que suelen publicitarse con frases como «lo hará reír, lo hará llorar», sólo que en este caso, casi nunca hará reír a nadie, ya que los interludios cómicos son bastante escasos.
Como melodrama, el tono es tan light como la música más suave y melosa que Eric Clapton compuso en 35 años de carrera. Willis y Pfeiffer son marido y mujer, pero la incomunicación conyugal se ha vuelto insostenible luego de 15 años y el divorcio parece casi inevitable.
Los dos chicos de la pareja están en la colonia de verano, por lo que la separación aún no se ha oficializado del todo. Con apenas unos días para intentar una reconciliación, los dos protagonistas tienen sucesivos flashbacks que les sirven para reflexionar sobre lo que les está pasando.
Los momentos más divertidos los aporta el mismo Rob Reiner en uno de los escasos papeles de reparto atractivos (lo anodino del cast es otro punto débil). Seguramente los productores pensaron que teniendo a una pareja tan carismática y taquillera encabezando el elenco, no hacía falta preocuparse por otros intérpretes de calidad.
Lo cierto es que, aun cuando nunca dejan de ser ellos mismos, Willis y Pfeiffer siempre logran darles vida a las escenas menos frescas y espontáneas que haya imaginado Reiner.
El montaje, en cambio, es muy sólido, especialmente en las secuencias donde todos los flashbacks se arremolinan simultáneamente en las mentes de los cónyuges conflictuados.
El resultado no está a la altura del talento involucrado, pero quizá conforme a aquellos espectadores -y sobre todo espectadoras-en busca de una catarsis lacrimógena pero inofen-siva.

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