10 de octubre 2003 - 00:00

"Nuestro tango es más de concierto que de 'milonga'"

Creado hace once años como trío, y actualmente convertido en quinteto, La Camorra se ha consolidado en el panorama del tango con sus presentaciones en vivo y sus cuatro discos (los dos últimos son «Tango, ciudad amada» editado el año pasado en España y « Resurrección del ángel», de este año). Antes de emprender una gira española, el grupo integrado por Luciano Jungman ( bandoneón), Sebastián Prusak (violín), Jorge Kohan (guitarras clásica y eléctrica), Hugo Asrin (contrabajo) y Nicolás Guerschberg (piano), se presenta el domingo, a las 20, en el Museo Renault. Dialogamos con su guitarrista Jorge Kohan.

Periodista:
¿En qué vertiente tanguera se ubicaría La Camorra?

Jorge Kohan: Nosotros siempre hemos buscado por tres lugares simultáneamente. Por un lado, hacer la música de Astor Piazzolla. Por otro, tomar tangos más antiguos, tradicionales, y presentarlos con arreglos modernos. Y, finalmente, presentar nuestros propios temas, fundamentalmente de Nicolás Guerschberg y Luciano Jungman que son los que componen. Pero lo que más nos ha preocupado siempre es encontrar nuestro propio sonido. Quizá en un principio estuvimos muy ligados al sonido de Astor; pero me parece que ahora estamos encontrando el nuestro.


P.:
Sin embargo, terminaron utilizando el quinteto, una formación identificada muy fuertemente con Piazzolla.

J.K.: Es cierto. Lo que pasa es que el quinteto es un instrumento perfecto, equilibrado, que permite tanto el trabajo orquestal como el camarístico.


Y en nuestro caso, cambiamos a veces la guitarra eléctrica por la española. Además, en La Camorra se mezclan elementos del jazz, a partir de la formación de Nicolás Guerschberg, que incluso improvisa; y buscamos una mayor libertad formal. Admirar y emular a Astor no es solamente tocar su música sino recrear su espíritu de búsqueda permanente, su actitud de «concierto» más que de acompañamiento para el baile.

P.:
¿Eso quiere decir que no les gusta tocar en «milongas»?

J.K.: En realidad nos sentimos mucho más cómodos en un teatro, con un buen sonido y con el público escuchando con atención. En ese sentido, nos da un poco de bronca la diferencia que hay entre tocar acá y hacerlo en España, donde nos va muy bien.Allá somos considerados como músicos de concierto y tocamos en festivales donde también hay artistas como Gonzalo Rubalcaba, Chucho Valdés o Gilberto Gil; aquí, en las «milongas» nos hemos visto muchas veces en la situación de tocar sin que estén dadas las condiciones de sonido y de silencio básicas.


P.:
¿Eso se debe a una actitud diferente hacia la música de La Camorra o simplemente a una cuestión de mercado?

J.K.: Por cierto, estamos hablando de un mercado mucho más grande, donde hay espacio y público para muchas más cosas. Pero también se debe, creo, a un mayor desprejuicio, a un mayor interés por las cosas nuevas. Recuerdo que, en 1993, ganamos un concurso de nuevos artistas de tango. Eso nos llevó a tocar con Rubén Juárez en el Café Homero y parte del público nos cuestionaba porque hacíamos versiones no tradicionales de tangos conocidos. Por supuesto, nos han tentado a hacer otras cosas;y hasta a cambiarnos el nombre porque la mayoría somos de familias judías. Pero tenemos el orgullo de no haber hecho jamás concesiones.


P.:
¿Cómo sigue la agenda de La Camorra después del concierto del domingo?

J.K.: Antes de fin de mes nos vamos a España para hacer una serie de conciertos en San Sebastián, Toledo, Ciudad Real, Madrid y quizá

Barcelona.Al regreso, volveremos a tocar, seguramente desde diciembre, en el Club del Vino.Y para marzo del año próximo hay otra gira europea, más larga, que incluirá otra vez España pero también Francia y Holanda.

R.S.

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