6 de diciembre 2000 - 00:00

Nuevos dálmatas entretienen sin el brillo de la novedad

Nuevos dálmatas entretienen sin el brillo de la novedad
«102 dálmatas» (102 dalmatians, EE.UU., 2000, dobl. al español.) Dir.: K. Lima. Guión: K. Buckley & B. Regan, B. Tzudliker & N.White. Int.: G. Close, G. Dépardieu, A. Evans, I. Gruffudd.


Como contribuyendo a la discusión local sobre los límites en la recuperación de delincuentes, y en el otorgamiento de libertades condicionales, «102 dálmatas» empieza con la cómoda liberación de Cruela De Vil, que en la película anterior había quedado debidamente presa.

Es que, gracias a los experimentos de un tal doctor Pavlov, la histérica diseñadora de pieles ha podido dominar sus instintos. La Corte de Apelaciones, la prensa, y hasta dos tontos a cargo de un asilo de perros creen que ya estamos ante otra mujer. «Por favor, llámenme Ela», ruega ella. «Pero bien dicen que la cabra al monte tira», como ya lo había anticipado el tango, y una vez más las campanadas pavlovianas suenan, en este caso para confirmar la cosa más lógica.

El momento en que la malvada se reencuentra con su verdadera naturaleza y toda la ciudad luce como una piel de dálmata, o el momento levemente felliniano (subrayemos lo de levemente) en que aparece su cómplice peletero, son de lo mejor de la película, junto al diseño del personaje de la mala (con el pelo a dos colores, como dos son las caras que muestra), el lote de animales admirablemente amaestrados, el personaje de un loro que se cree perro y la secuencia en que la parejita joven de la historia tiene una salida romántica, dejando a los «chicos» frente a un video Disney.

En cambio, otros momentos son decididamente malos o pierden su eficacia por ser demasiado previsibles, como el castigo de la mujer elegante a «manos» de los animales, que otra vez la enchastran toda, aunque ahora le agregan un toquecito a lo «Hansel y Gretel». Otro castigo, mucho menos llamativo, sufrirá el peletero francés, mientras sus cotidianas víctimas, unos viejitos inmigrantes ilegales, apenas participan como tontos en la oscuridad. A propósito, el segundo tonto del asilo desaparece a mitad de la película y lo volvemos a ver recién al final. ¿Qué se hizo, mientras tanto? Parece mentira que haya habido cuatro personas para un guión tan flojo.

Sin el brillo de la novedad, el resultado es simplemente entretenido y poco memorable. Glenn Close y los animales se lucen debidamente (también Reina Reech en el doblaje, hay que señalarlo) y Gérard Depardieu muestra hasta qué punto puede llegar ese hombre por algo de plata para sus viñedos.

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