16 de marzo 2000 - 00:00
"OPERACIÓN FANGIO"
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Esa es la historia que recrea esta coproducción argento-hispano-cubana, en un agradable relato, bien vestido, bien cuidado, equilibrado, uno de cuyos principales méritos es que logra mantener la atención aunque ya se conozca el desenlace. Otros méritos (y no son los únicos) están en la ambientación, el manejo de la voz que hace Darío Grandinetti, el tono elegido, y el manejo de la intriga.
Precisamente porque ya se sabe que Fangio salió doblemente bien de aquella aventura, y vivió largos años para contarla, la intriga se abre a otros componentes menos conocidos, pero capaces de generar inquietud: un chico herido, un ambiguo colaborador de la policía, los riesgos de un gordito bajo vigilancia, los intentos policiales de encontrar al corredor y matarlo, las artima-ñas del embajador argentino para recuperarlo con vida, etcétera.
Todo eso es ambientado con el debido encanto de época, con atendible respeto por la verdad histórica, y con detalles que el fanático de otros tiempos sabrá apreciar debidamente (por ejemplo, la Ferrari de Stirling Moss y la Maserati del Chueco, que para esta película reconstruyó Juan Worel), y está narrado con mano precisa por Alberto Lecchi, que, para mayor desafío, trabajó sin tensar los nervios.
Se explica: el tono del relato lo dan la ingenuidad amateurista de los captores, y el propio tono campechano de Fangio, capaz de mantener la calma aunque no las tuviera todas consigo. Un ejemplo, toda la escena del secuestro propiamente dicho, modelo de cine de acción sin estridencias innecesarias, seguida de otra escena, digna de una comedia de costumbres caribeñas, y para colmo basada en un hecho absolutamente real, como lo cuenta el mismo deportista en su auto-biografía. En suma, un trabajo muy cuidado, simpático, que nos trae hábilmente el recuerdo de un verdadero deportista argentino, y que además no cae en panegíricos fidelistas, como podía suponerse. Unico reproche: aunque el hombre fuera medio callado, hubiera sido ideal que en la película hablara un poco más (y, de ser posible, con textos especialmente escritos por Landriscina).




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