29 de septiembre 2011 - 22:09

Otro asistente de Michael Jackson relató sus últimos momentos

Paris y Prince, dos de los hijos del Rey del Pop.
Paris y Prince, dos de los hijos del Rey del Pop.
El director de logística de Michael Jackson, Alberto Álvarez, describió la dramática escena que vivió en la habitación del cantante en sus últimos momentos, cuando la hija del músico, Paris, gritaba llorosa y el médico recogía restos de fármacos.

Álvarez, el primer testigo en declarar en la tercera jornada del juicio por la muerte del "rey del pop", fue una de las primeras personas que llegó al dormitorio del creador de "Thriller", cuando el doctor Conrad Murray acusado de homicidio involuntario en este caso, alertó de que su paciente había tenido una "mala reacción".

El testigo explicó que vio a Jackson tumbado sobre una cama boca arriba con la cabeza mirando hacia la puerta, los ojos y la boca abierta.

Álvarez aseguró que Murray comenzó a hacer compresiones con la mano izquierda sobre el pecho de Jackson mientras este seguía sobre el colchón, instante en el que le apremió a buscar ayuda.

"Alberto, deprisa, tenemos que conseguir una ambulancia y llevarlo a un hospital", dijo Álvarez, repitiendo las palabras de Murray en aquellos momentos.

En ese instante Paris, la hija de Jackson, de trece años, entró en el cuarto con su hermano Prince, de catorce, y gritó "¡papi!" entre lágrimas.

"No les dejes ver a su padre así", recordó Álvarez que le pidió Murray.

"No se preocupen, todo va a salir bien, nos ocupamos de esto", les dijo mientras los sacaba de la habitación Álvarez, quien se encargó de llamar a los servicios de emergencia.

Acto seguido, según el testigo, el médico agarró un puñado de frascos que estaban en una mesilla de noche junto a la cama. "Pon esto en una bolsa", afirmó Murray, según Álvarez.

Álvarez señaló que Murray metió los recipientes en la bolsa y le requirió que a continuación quitara una bolsa que colgaba de un gotero que había en la estancia y la pusiera en otra bolsa.

La defensa de Murray alega que fue el propio Jackson, a quien señalan de adicto a los fármacos, quien en un descuido del médico se aplicó la dosis letal de propofol que lo mató.

Conrad Murray, de 58 años, se declaró no culpable de los cargos y afrontaría una pena de hasta 4 años de cárcel si recibe una sentencia condenatoria.

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