15 de febrero 2001 - 00:00
Otro retrato de marginales en la pantalla de Canal 7
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Liliana Cabrejas.
Periodista: El tema de la marginalidad, presente en productos televisivos como «Okupas» o en algunas telecomedias costumbristas de Polka, viene perfilándose como una tendencia. ¿A qué atribuye el fenómeno?
María Cabrejas: Creo que la televisión tarde o temprano refleja lo que ocurre en la calle; es espejo de lo que pasa. Lamentablemente esos espacios son cada vez más pequeñitos y la gente elige ver en la pantalla algo que la entretenga y no le recuerde lo que estuvo viviendo durante todo el día. Hay un sector del público que valora los emprendimientos que muestran una realidad diferente. Es un sector al que le faltan propuestas en la televisión.
P.: ¿Podría definir a ese sector de público?
M.C.: El público de este programa o el de «Okupas» es aquel que no va a aparecer en este programa y no se identificará por eso. La audiencia que tenga será porque se sentirá atraída por una afinidad en el pensamiento y una idea compartida acerca del mundo. No cabe duda de que los mismos protagonistas del programa no serán quienes lo vean, pero porque ni siquiera tienen casa o televisión.
P.: ¿Cómo se abordará la temática desde la realización?
M.C.: La gran apuesta consiste en una cuidadosa selección de personajes que tienen una actitud de lucha, de búsqueda. Son gente que tiene algo para contar y que ante la situación crítica esbozan una salida creativa. La realidad es ya bastante crítica en sí misma como para hacer un programa que te tire abajo. Apuntamos a un programa que no deprima, que no angustie, y eso lo aportan los mismos protagonistas. Por eso se cuenta la realidad, pero abordada desde los personajes que suelen tener algo simpático que contar.
P.: ¿Cómo se implementa la búsqueda de gente desocupada o con graves problemas económicos que, además, tenga cosas simpáticas que contar?
M.C.: Si uno se para un segundo en Buenos Aires encuentra de todo. Es cuestión de saber y querer mirar. Están en todas partes, viven en las puertas de ministerios, abajo de la autopista, en pleno San Telmo. Aunque los primeros programas están hechos en capital parece otro mundo.
P.: En ese marco, ¿dónde radicaría aquello que no deprime y que apunta al optimismo?
M.C.: En el humor de los propios protagonistas. En el primer programa se aborda el tema de la gente que vive de los objetos, los junta y los recicla. Se ve a Alberto, que es un «junta» que tiene un depósito gigante en ple na Capital Federal en donde guarda todo lo que va recolectando de la calle. Vive del trueque, lo que encuentra lo cambia por alimentos para el perro, para él. Dentro de la miseria él encontró esa salida creativa. Otro personaje que aparece es un viejito del Delta que tiene 82 años y que lo conocen como el «señor Tengo». Le dicen así porque dentro de su condición de pobreza cualquiera que le vaya a pedir cualquier cosa él la tiene.
P.: ¿Resultó fácil encontrar gente dispuesta a testimoniar su marginalidad?
M.C.: Ese es un fuerte obstáculo: que la gente se abra porque tiene desconfianza y mucho miedo, no sabe si sos la policía o si lo vas a defraudar. Son gente a la que en otras oportunidades le prometieron que le harían notas o los usaron. Y es sentarse y charlar y tomar mate. Después uno vuelve con el casete de la grabación a mostrarle lo que salió, si es que tienen televisor para poder verlo.


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