17 de diciembre 2007 - 00:00
Pacto de Evo con el Ejército sólo le asegura paz hasta la Navidad
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El general Marcelo Antezana, ex comandante del Ejército boliviano y diplomado en la Escuela de Guerra argentina, en carta abierta a Evo Morales previno que si envía a las FF.AA. para sofocar las Policías o milicias de las autonomías, «dividirá a la institución militar del país».
Se dice que la suerte de Bolivia es el test-match del centro nervioso de América del Sur, donde intervienen los intereses del venezolano Hugo Chávez y de su contrapeso, el brasileño Lula da Silva. Es conocida la asistencia civil y militar que están brindando 1.553 médicos y 647 paramédicos cubanos, de acuerdo con declaraciones de la embajada de ese país.
También que el presidente Morales confía su seguridad personal a una guardia pretoriana venezolana.
La presencia de efectivos venezolanos en territorio boliviano hasta ahora se ha podido comprobar poco, salvo en Trinidad (Beni), donde opera una compañía de ingenieros en tareas de defensa contra inundaciones.
Existen, de acuerdo con fuentes bien informadas, envíos de valijas con petrodólares -ya es casi una marca registrada caraqueña-, que llegan a manos de entorchados. También se ha visto a un puñado de uniformados venezolanos en los misteriosos vuelos de sendos Hércules C130 que aterrizaron en los departamentos de Beni y de Santa Cruz.
Preocupado Brasil por la frágil situación boliviana, en octubre de este año organizó la Operación Pantanal, un ejercicio práctico con 10.000 efectivos de las tres fuerzas para simular, ante la eventualidad de un conflicto interno, el rescate de los 40.000 «brasivianos» que viven en la zona de Puerto Suárez-Corumbá. Por allí pasa el ducto que lleva los 30 millones de m3 diarios de gas a la zona industrial de San Pablo. Asimismo, hace varios meses que en los puestos fronterizos con Bolivia, los controles brasileños son lentos y exhaustivos. Mucho más rápido fue Petrobras, quien ya cerró millonarios contratos para la explotación de nuevos yacimientos, asegurándose mayor suministro de gas y mayor presencia dentro del país.
Si, como se viene diciendo, la olla a presión que hoy es Bolivia puede mantenerse hasta pasada la Navidad, habrá tiempo para que medien la Iglesia Católica, los embajadores de la Unión Europea (la ONU fue rechazada pues su titular José Miguel Insulza es chileno), los presidentes de Chile y Brasil -hoy de visita en La Paz-y las mismas Fuerzas Armadas bolivianas. «Es la hora de empezar el diálogo», dijo ayer el presidente Morales. Habrá que esperar. Son los prefectos de los departamentos disidentes los que pueden destapar la olla si dejan actuar a sus milicias y Policías.


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