8 de octubre 2002 - 00:00

Palmer, en teatro y lejos de mediáticos

Patricia Palmer
Patricia Palmer
A Patricia Palmer no le hace mucha gracia tener que aclarar una y otra vez que su carrera siempre estuvo ligada al teatro. La protagonista de teleteatros tan populares como «Regalo del cielo», «Dulce Ana» o la más reciente, «Ilusiones», donde creó a una italiana con problemas de frigidez, enseña teatro desde hace más de veinte años. La fama es buena, pero también le acarreó insólitos obstáculos, como el reciente «escrache» que le quisieron hacer los «mediáticos» de la TV.

«Antes que actriz fui docente»
, repite resignada. Palmer llegó de Mendoza en el '82 y aunque desarrolló una sólida carrera en Buenos Aires, todavía siente cierto pudor en mostrar sus trabajos. Sin embargo, ya ha dado varias muestras de su audacia como cuando años atrás, a pedido de Alejandro Romay, se hizo cargo de la gerencia artística de Canal 9 en medio del conflictivo traspaso.

Esa tarea, dice, la realizó ad honorem y enfrentada a inumerables obstáculos que la obligaron a renunciar al poco tiempo. La actriz es autora de varias comedias («Un amor de aquellos», «¿Dónde estás Cleopatra?») y ya dirigió dos obras de Beatriz Mosquera, «Retazos» y «Pintura fresca», que pueden verse en su teatro «El Taller del ángel» (Mario Bravo 1239).

Ahora acaba de sumar el estreno de «Cuerpos», una pieza del autor inglés James Saunders que ella dirige y protagoniza en el «Teatro Del Nudo» (Corrientes 1551) junto a un elenco integrado por Roxana Berco, Roberto Saiz y Gabriel Molinelli. Se trata de una pieza de corte psicológico, en la que dos matrimonios de clase media vuelven a verse después de muchos años de distanciamiento, originado en un fallido intercambio de parejas. Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Qué es lo que discuten realmente los protagonistas de «Cuerpos»?


Patricia Palmer:
Discuten si el deseo está en el cuerpo o en la mente y si las terapias psicoanalíticas realmente sirven.

P.: El autor es sumamente crítico con el psicoanálisis ¿Usted comparte esa opinión?


P.P.:
No hay que juzgar las obras desde la actuación y la dirección, ni tampoco subrayar sus contenidos o sus personajes. El único que puede juzgar es el espectador. Desde la dirección intenté hacer una lectura positiva de la terapia, pero también muestro el enfoque contrario.

•Experiencias

P.: ¿Pero alguna vez se psicoanalizó?

P.P.: Sí, y también estudié psicología gestáltica y ahora estoy estudiando psicodrama con Eduardo Pavlovsky. Es una excelente herramienta para el actor ya entrenado. Le sirve para descubrir la línea de pensamiento de su personaje.

P.: Entonces, está bastante a favor del psicoanálisis.


P.P.:
Desde el lugar del espectador todo es bastante relativo, porque uno se enfrenta a cuatro personajes que polemizan todo el tiempo muy inteligentemente. No importa tanto si determinada terapia es buena o mala, lo importante es ver qué hubo detrás de ese incidente pasional en el que dos parejas de amigos tuvieron el impulso de ser infieles. No son swingers, ellos creyeron que con ese cruce de parejas iban a resolver cosas que no habían podido arreglar con sus parejas originales. Además hay un segundo incidente (el suicidio de un alumno) que también actúa como detonante en la gran crisis del protagonista.

P.: En «Cuerpos» se habla mucho de sexo ¿No le encuentra cierta relación con «Closer» de Patrick Marber?


P.P.:
Sí. A mí me habían ofrecido hacerla. P: ¿Y por qué no aceptó?

P.P.:
La verdad es que me asusté. Me acuerdo que cuando me la dio Romay me impactó mucho su crudeza. Todas esas palabras tan obscenas leídas en soledad eran muy fuertes, así, todas juntas. Después cuando la fui a ver con Susú Pecoraro, Jorge Marrale, Leonardo Sbaraglia, Leticia Brédice me gustó más. «Cuerpos» es fuerte, pero es un lenguaje más narrativo y no es tan explícito con respecto al sexo.

P.: El protagonista de la obra descree del psicoanálisis, en cambio la otra pareja parece haber tenido una experiencia muy exitosa con alguna terapia alternativa.


P.P.:
Sí, yo estuve investigando y Saunders se refiere a la terapia de Arthur Janov, el autor de «El grito primario». Es la que hizo John Lennon en los setenta y que sostiene que las neurosis que sufrimos son el resultado del dolor reprimido durante la infancia, ante diversas experiencias traumáticas vividas durante la gestación y el nacimiento.

P.: Pero aquí se acusa al psicoanálisis de coartar la creatividad del individuo.


P.P.:
En la obra hay dos posiciones, uno de los protagonistas cree en la terapia y descree un poco del arte. En cambio el otro sostiene que si existiese una terapia que lo curase todo, el arte se destruiría, porque según él, la enfermedad es parte del arte, y éste se origina en nuestra necesidad de recuperar las cosas que perdimos en el pasado. Si hubiera una terapia que cure la neurosis, Beethoven no habría escrito la Novena sinfonía, ni Miguel Angel habría pintado tantos cuerpos masculinos de haber sido un heterosexual feliz.

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