«Pan y rosas» (Bread and Roses, Gran Bretaña-Italia-Francia-Alemania, 2000, habl. en español e inglés). Dir.: K. Loach. Guión: P. Laverty. Int.: P. Padilla, A. Brody, E. Carrillo, J. McAgee, M. Rivas, E. Antonenko.
D el mismo modo en que mostró la vida agridulce de los empleados de la construcción («Riff Raff»), de las víctimas de un usurero («Como caídos del cielo»), y de la burocracia («Ladybird, Ladybird», «Mi nombre es todo lo que tengo»), el veterano Ken Loach, acerbo crítico del neoliberalismo, muestra aquí las ilusiones, aflicciones, y rebeldías de los inmigrantes latinos que limpian oficinas en Los Angeles.
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Lo hace con su estilo de costumbre, indirectamente documental, directamente realista, medio afectado por ciertas convenciones narrativas, pero bien ágil, y muy hábil en la alternancia de situaciones humorísticas y dramáticas, y en la compensación de esquemas previsibles con salidas inesperadamente frescas y naturales. Sus películas son de una clara militancia, y al mismo tiempo, gracias a ese estilo, son de una imparable credibilidad -y casi insoportable verdad.
En este caso, cuenta cómo los traficantes de ilegales (los temidos «coyotes»), los capataces de empresas subcontratistas, y los policías verduguean diariamente a los inmigrantes, ante la indiferencia o complacencia de los dueños de casa, pero también cuenta cómo los trabajadores se desquitan, sea con pequeñas venganzas, o con vistosas manifestaciones. Y cómo entre ellos mismos hay amores y disensiones. Ejemplar, en ese sentido, la discusión entre dos hermanas, y ejemplar también en el sentido actoral. Elpidia Carrillo y Pilar Padilla se sacan chispas en esa escena, un poco teatral, es cierto, pero de una intensidad bien a lo Loach.
Se le pueden objetar ciertos facilismos a la americana, tipo «Sally Field», por ejemplo, el blanco clase media, algo irresponsable, que viene de afuera a inculcar conciencia gremial y contacta con la protagonista, o las charlas didácticas y los shows demostrativos. También puede recordarse el lirismo del sueco Bo Widerberg, al tratar temas similares en «Joe Hill (Cenizas al viento)», pero esto es inalcanzable para Loach, y tampoco parece importarle. Lo suyo es interesar, indignar, divertir, y agitar, y en «Pan y rosas» lo logra ampliamente. Lo único que no ha logrado, fue conseguir financiación americana.
Ironía izquierdista: el megáfono de la policía en una represión es marca Fanon, como el apellido del famoso Franz Fanon de «Los condenados de la tierra».
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