31 de agosto 2005 - 00:00

Para Echenoz ser escritor requiere esfuerzo físico

Jean Echenoz,con una largalista depremiadasnovelas, esconsiderado ensu país lamayoresperanza delas letrasfrancesas.
Jean Echenoz, con una larga lista de premiadas novelas, es considerado en su país "la mayor esperanza de las letras francesas".
De Jean Echenoz, que fuera elegido por «Le Nouvel Observateur» como el novelista internacional más relevante de los años 90, se publicó recientemente en castellano «Al piano». Echenoz que estudió Sociología y Psicología Clínica pero nunca ejerció, «aunque me han servido para mis novelas», ha recibido el premio Goncourt, el más prestigioso de las letras francesas, el Novembre, el European Literary y el Gutemberg como «la mayor esperanza de la letras francesas». Ha publicado, entre otras novelas, «El meridiano de Greenwich» (1979), «Cherokee» (Premio Médicis, 1983), «La aventura malaya» (1986), «Lago» (1989), «Nosotros tres» (1992), « Rubias peligrosas» (1995), «Un año» (1997) y «Me voy» (Premio Goncourt, 1999), «Al piano» (2003). Novelista de lo inexplicable, es admirador de Nabokov, Queneau, Flaubert y Faulkner. Dialogamos con él.

Periodista:
¿Qué tal se vive entre locos?

Jean Echenoz: Bien, muy bien. Pasé mi infancia y mi adolescencia viviendo en un psiquiátrico que mi padre dirigía. Fue la mejor época de mi vida. Odiaba ir a la escuela y su disciplina. Pero el hospital era como un pequeño estado independiente lleno de paz. No había nada inquietante en mi relación con los locos. Algunos se ocupaban del jardín, e incluso otros cuidaban de mi hermano, que era muy pequeño.

P.:
¿Su conclusión sobre la locura?

J.E.: Comprendí más tarde que la locura es sufrimiento, pero entonces no era consciente, para mí era muy natural, me gustaba estar con ellos. Pese a no ser practicante, no me perdía la misa de los domingos. Era fascinante ver cómo los locos participaban del ritual: cantaban, bailaban, reían...


P.:
¿Por eso estudió psicología?

J.E.: A mí lo único que me interesaba era la literatura, pero no realicé estudios de letras porque no quería que ningún profesor me normalizara.


P.:
¿Durante cuántos años se psicoanalizó?

J.E.: Siete años, pero el psicoanálisis me importa un pito. No comprendí nada nuevo de mí mismo. Sólo ocurrieron dos cosas importantes: escribí un libro y tuve un hijo.


P.:
Algo descubriría de sí mismo....

J.E.: Puede que la paciencia. Yo escribo desde niño, pero me faltaba disciplina, no acababa nada. A los 30 años todavía estaba esperando que me llegara el momento de escribir una novela y dije basta.


P.:
Para escribir 'Rubias peligrosas' registró todos los bolsos de mujer que pudo, ¿qué encontró?

J.E.: En mis primeros libros los protagonistas siempre eran hombres, así que decidí que el próximo sería una mujer. Me di cuenta que me faltaba mucha información y empecé por algo sencillo, una de las muchas cosas que se cuestionan los hombres: ¿qué hay en el bolso de una mujer?...


P.:
¿Ha resuelto el misterio?

J.E.: Es una coexistencia de objetos insólita, me pareció muy poético. Y yo escribo para descubrir cosas, a veces un país que me intriga, una profesión; pero los humanos en general y la mujer en particular son inagotables.


P.:
¿Qué quiere contar?

J.E.: Mi tema es el abandono. Todos mis personajes se van o son abandonados.Al acabar mi cuarto libro me di cuenta que los tres anteriores también hablaban de chicos abandonados por su chica. Entonces me dije: «¡Se acabó! En mi próximo libro nadie será abandonado», y escribí la historia más terrible de abandono; así que acepté que lo que me interesa es eso, la huida, el viaje que se emprende... Pero hágame un favor. No me pregunte por qué. Mis libros no son autobiográficos, a mí no me han abandonado.


P.:
Tampoco ha permitido a nadie que le abandone, vive solo.

J.E.: No, no, no, yo soy más bien fiel. A mí del abandono me interesa la parte novelesca, en mis libros no hay ninguna dimensión psicológica, son libros que tratan el comportamiento.


P.:
Nuestro comportamiento nos define psicológicamente.

J.E.: Sí, pero esa parte se la dejo al lector.

P.: Descríbame una rana.

J.E.:Ya lo hice en su día. Cuando era niño me aburría muchísimo y mi abuelo me dijo: «Pues agarrá este bolígrafo y describe una rana». Fue la primera vez que me daban una orden fuera del colegio, así que obedecí, y cuando terminé decidí que iba a ser escritor.


P.:
¿Qué es lo que más le sorprende de la vida?

J.E.: Que haya podido hacer lo que he podido hacer. No estaba muy seguro de que pudiera cumplir mis sueños, y eso es algo en lo que pienso cada día, que he realizado mi deseo de la infancia: vivir de la escritura. Me considero un privilegiado, pese a que escribir requiera mucho esfuerzo físico. Creo que para realizar la descripción de una rana hay que poner el corazón, y poner el corazón en las cosas desgasta mucho.


P.:
¿Le gusta que los desconocidos le comenten sus libros?

J.E.: Hace poco un tipo me abordó y comenzó a describirme su escena favorita de mi último libro, pero no la reconocí.Aquel lector había cambiado el paisaje, el sexo y la profesión de los personajes... Me pareció genial, me demostró que, de alguna manera, el lector se convierte en escritor.


P.:
¿Cómo le caen los intelectuales franceses?

J.E.: Soy consciente de que tenemos mala fama y, a veces, nos la merecemos.


P.:
¿Cuál es el peor defecto que se puede tener?

J.E.: Ese que usted ve en nosotros, la autosuficiencia.

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