La historia es la de siempre: un campesino alrescate de su esposa, que lo abandonó, seducida por un proxeneta de la ciudad.La escribió Juhani Aho en 1911, ambientándola en el siglo XVIII, yconvirtiéndola en una clásico de las letras finlandesas del siglo XX. Y lallevó al cine, en 1921, bajo el título «Johan (A través de los rápidos)»,el maestro Mauritz Stiller, acaso para aquietar los ánimos después de sualegremente inmoral «Erotikon (hacia la felicidad)».
«Johan» fue, entonces, el elogio del sacrificioamoroso, y la celebración de los grandes paisajes nórdicos al final delinvierno, igual que en sus otras dos grandes obras, «El tesoro del señorArne» y «La leyenda de Gosta Bering». Le siguieron, en 1937, NyrkiTapiovaara, con un «Juha» sensible, provinciano, y, en 1956, ToivoSärkkä, estrenando para los suyos el Eastmancolor en Agascope, todo unsuceso en su momento, acaso excesivo para el simple personaje del pobreenamorado. Ahora, en 1999, el reputado Aki Kaurismäki hizo un nuevo «Juha»:breve, algo risueño, algo amargo, pesimista como es a veces el propio director,ambientado hacia comienzos de los '60, con esa subcultura que tanto aprecia,pero mudo. El último film mudo del siglo, ha dicho.
Homenaje
De este modo, rinde homenaje a sus ancestros, y al mismotiempo divierte a sus contemporáneos, a quienes disimula con afeitesposmodernos la esencia melodramática del relato, pero descubriéndoles al mismotiempo la expresiva belleza del cine mudo. Que, dicho sea de paso, nunca fuedel todo mudo: siempre había alguna música de fondo, comentando o ambientandola acción -en este caso, hasta hay unos tangos finlandeses-, y muchas vecesincluso había en la sala alguna máquina de ruidos, para simular tiros,portazos, o motores en marcha. El hombre supo tener esto en cuenta, a la horade trabajar la banda sonora. Y supo aplicar también una enseñanza del gran RenéClair, el maestro de Tapiovaara, cuando ambientó una co-media en laépoca de sus abuelos, en vez de hacerlo un siglo antes, como marcaba el texto original.Es que (siempre fue así) la época de los abuelos siempre nos causa un poco degracia, y una íntima sensación de ternura.



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