Pelea de diablos tonta y grosera, pero entretenida

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«El hijo del diablo» («Little Nicky», EE.UU., 2000, habl. en inglés) Dir.: S. Brill. Int.: A. Sandler, H. Keitel, P. Arquette, R. Whiterspoon, R. Ifans, A. Covert, T. Lister Jr., K. Nealon, J. Lovitz , M. McKean, Q. Tarantino.

El humor bobo de Adam Sandler toma un giro explosivo en esta delirante y desaforada comedia fantástica con perros que hablan, disputas de poder en el infierno, angelitas celestiales que toman unos daiquiris de más y se acuestan con diablos, obispos poseídos y mensajes satánicos en discos de pop suave tocados al revés.

La premisa argumental puede tener algún parentesco con esas extrañas comedias fantásticas que se filmaban con frecuencia en el Hollywood de los '30: el diablo no quiere ceder su trono infernal a pesar de que ya pasaron los 10 mil años de su mandato, y sus dos hijos mayores escapan del averno para provocar un desequilibrio entre las fuerzas del bien y el mal en la Tierra.

El hijo menor, Little Nicky, debe traer de vuelta a sus hermanos para poner las cosas en su lugar. El problema es que el protagonista, una impresentable mezcla de nerd y Alice Cooper que no sabe dominar sus cualidades demo-níacas, es bastante lento y ni siquiera sabe aprovechar los consejos de su mastín infernal (que habla y casi se roba la película).

Mientras los demonios ayudan a que la ciudad de Nueva York se convierta en un sitio de pesadilla,
Little Nicky descubre el amor, el pollo frito y las tortas de cannabis provistas por dos heavy metals satanistas que hacen un gran esfuerzo para ganarse un lugar de privilegio en el infierno.

La película es despareja, y en medio de algunos gags realmente eficaces siempre hay chistes muy tontos. Pero en conjunto,
«El hijo del diablo» es una película muy divertida, y por sobre todo, siempre sorprendente. Nunca se sabe cuál será el próximo giro demente de la trama, o qué nueva guarrada idearán el protagonista, sus hermanos, los heavy metals o el perro parlante.

El humor es elemental y políticamente incorrecto (no se salvan curas, discapacitados, gays y ni siquiera hay piedad para los Harlem Globbetroters), y las chanchadas y bromas ofensivas son casi tan abundantes como una larga serie de cameos de gente como Dana Carvey, Billy Crystal y Quentin Tarantino.

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