21 de octubre 2004 - 00:00

Perturbador drama con el mal en las entrañas

Catalina Sandino Moreno observa la carga que deberá ingerir en «María, llena eres de gracia».
Catalina Sandino Moreno observa la carga que deberá ingerir en «María, llena eres de gracia».
«María, llena eres de gracia» (id., Colombia-EE.UU., 2004; habl. en español). Dir.: J. Marston. Int.: C. Sandino Moreno, V. Ariza, J. A. Mora, W. Guerrero, F. Velasquez.

María, una muchacha colombiana de poco más de 17 años, no tiene demasiados elementos para imaginarse un futuro algo mejor en su abrumadora existencia. Vive en los paupérimos arrabales de Bogotá, la explotan en una plantación de rosas, queda embarazada de otro arrinconado como ella, que ni siquiera la quiere, y en su casa sostiene a su abuela, madre y hermana, que la maltratan apenas un poco menos que su patrón.

¿Qué podría perder María si aceptara el trabajo de «mula» de la droga que, fatalmente, tarde o temprano le iban a ofrecer? En definitiva, ganará más que con la prostitución, y los riesgos de alguna enfermedad no implicarían una larga agonía, sino que la muerte sería rápida y fulminante, tan sólo una «pepa» de heroína que le estalle en las entrañas, como ocurrió y seguirá ocurriendo con tantas otras. Además, como el trabajo impone viajar periódicamente a los Estados Unidos con todo pago, para María se abrirá por primera vez la posibilidad del sueño: huir del infierno natal y refugiarse en el paraíso del bienestar.

El perturbador film de Joshua Marston retrata minuciosa, compasivamente, la sufrida vida de su protagonista. Desde las condiciones de su existencia en ese suburbio miserable, donde sorprende el empleo de un español arcaico y puro, y en el que todos, hasta los más íntimos, se tratan de usted como en palacio, hasta los procedimientos más impresionantes con que los jefes del negocio entrenan a sus víctimas.

Tal vez estos detalles se hayan visto en algún film documental, pero es raro que una película de ficción sea tan precisa para detallar los pasos que llevan al bautismo de una «mula»: la práctica, primero, con uvas grandes (hay que ingerirlas enteras, la cabeza hacia atrás, sobreponerse a las arcadas); luego, las «pepas» reales, en número de 60; antes la preparación y el envasado, luego el líquido con el que se anestesian cavidad bucal y conducto digestivo, y finalmente la ingestión de productos andidigestivos. La supervisa un nuevo patrón, calmo y paternal, que apenas le sugiere, al desearle éxito, la muerte de toda su familia si llegara a faltar algún gramo en el momento de la entrega.

Pero «María, llena eres de gracia» es mucho más que eso: traspasada la frontera, luego de una fuerte escena en vuelo y el posterior incidente aduanero, el film se abre a un pequeño drama instalado en la «little Colombia» de Queens; allí el espectador, que desde hace rato acompaña el destino de la protagonista, encontrará en otra estupenda escena ambientada en un laboratorio de ecografías, un atenuante a tanto dolor.

Relatada de manera clásica, impecable, la película con la que el realizador
Marston debuta en el largometraje, también tiene otro apoyo fundamental en la elección de un elenco tan parejo como verosímil, en el que sobresale Catalina Sandino Moreno en el protagónico. Una actriz que transmite, con delicadeza, la fragilidad que requiere su complicado personaje, a la vez que una triste luminosidad interior.

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