"A duras penas el hombre alcanza la arritmia" de Magdalena Jitrik.
No hay crisis que logre empañar el sofisticado refinamiento de los anticuarios argentinos. Pese a la recesión económica, la semana pasada se inauguró una interesante feria en el Palais de Glace, pequeña, pero con piezas de primer nivel. Si bien entre los expositores se perciben notables ausencias, perdura lo mejor del estilo: sobrio en la medida justa y decididamente audaz en algunos detalles, virtudes que tornan especiales a nuestros anticuarios y justifican su prestigio internacional.
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La araña rusa de Circe, la armoniosa y pequeña vitrina inglesa de Galería Studio, los extravagantes monos de plata de Arita o los platos con diseño japonés de Branksome, son objetos que llaman la atención. Los montajes son dignos, y algunos marchands lograron ambientaciones sorprendentes, donde se destacan los tapices y las maderas con incrustaciones de árboles frutales o los muebles de raíz. Otro rubro atractivo es el de los libreros como Víctor Aizenman o The Antique Book Shop. Las galerías de arte, sin embargo, presentan un nivel muy desparejo y, salvo excepciones, como Palatina y Daniel Maman que exhiben buenas pinturas de Cúnsolo, Russo, Pettoruti y Figari, el resto no está a la altura de los anticuarios y desluce el conjunto.
Sin duda, el espacio del Palais de Glace es más apropiado que el desangelado predio de la Costanera que albergó la feria el año pasado, y en alguna medida ha recuperado el esplendor de que supo imponer Nelly Arrieta en el período que tuvo a su cargo la organización. Por supuesto, las circunstancias económicas no son las mismas y pese todo, la convocatoria actual es incomparable, entre 3.000 y 4.000 personas por día visitan la feria.
«La nueva organización tiene muchos puntos para mejorar -señala un experto-, sobre todo, imponer un criterio selectivo y retirar esas pinturas que chillan entre tanta elegancia, pero el resultado es positivo». La multiplicidad de propuestas que ofrecen las ferias en la llamada sociedad del espectáculo, forma parte del espíritu de los tiempos que corren, y resulta más atractiva para el público en general que la especificidad de un anticuario o una galería de arte.
Con la intención de atraer al público masivo, la Asociación Argentina de Galerías de Arte inaugurará Expo Trastiendas el 19 de setiembre en el Centro Cultural Borges. Lo primero que aclara el presidente de la Asociación, Alvaro Castagnino, es que no pretenden competir con Arte BA, hasta ayer la única feria porteña. En los hechos, los 40 galeristas argentinos que participan son mayormente los mismos en ambas realizaciones, y del mismo modo que Arte BA homenajeó a Carlos Alonso o Marta Minujín, Expo Trastiendas celebrará a Leopoldo Presas y Santiago Cogorno con muestras especiales.
También presentarán una Plaza de Esculturas, y las novedades son una selección de libros de artistas y un espacio dedicado a 32 fotógrafos de nuestro país. En realidad se trata de una feria alternativa, que puede ser exitosa en tanto y en cuanto se articule como un acontecimiento cultural que contribuya a conquistar nuevos públicos y a difundir obras de artistas que no tienen acceso a las galerías. Es decir, que posibilite descubrir nuevas figuras, que es lo que ansiosamente buscan los compradores de arte.
Con estos objetivos hace ocho años irrumpió en Nueva York la moda de las ferias paralelas. Un grupo de galerías colgó obras decididamente contemporáneas en los cuartos del hotel Gramersy Park, en la misma fecha del Armory Show, la feria más importante de Manhattan. Inmediatamente la divertida idea fue copiada en Roma, en Miami y en Barcelona. Siempre en hoteles, dado que el precio no se compara al de un stand y luego de la venta, como opinaba un galerista: «Hasta se puede dormir en el mismo cuarto y seguir soñando con el arte».
A toda esta actividad, se sumó la inauguración de Casa FOA 2001 en el monasterio de las monjas dominicanas de Santa Catalina de Siena, ubicado frente al Centro Cultural Borges, en San Martín y Viamonte. El silencioso edificio colonial construido en 1738, con sus galerías, su jardín colmado de rosales y cipreses, sus celdas obscuras y sus claustros blancos, tiene su propio encanto incomparable.
Ocupado por monjas de clausura, estuvo vedado al público hasta la fecha. Ahora, los 50 estudios de arquitectura y diseño que participan de la megamuestra le imprimirán el vértigo que imponen los tiempos.
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