15 de febrero 2001 - 00:00

Pese a Stallone, funciona el policial "El implacable"

Escena del film.
Escena del film.
En uno de sus últimos intentos por escapar del estigma de «Arma mortal», Mel Gibson se convirtió en un gángster vengativo e impiadoso en la re-make del clásico negro «A quemarropa». Siguiendo sus pasos, Sylvester Stallone se convierte en un gangster vengativo e impiadoso en la remake de «Get Carter». Mel Gibson tuvo más suerte, quizá porque su nueva versión de un clásico tuvo más imaginación (era un film al borde de lo fantástico), o tal vez debido a que es más fácil reemplazar a un Lee Marvin con un Mel Gibson que a un Michael Caine con un Stallone.

Pero probablemente el problema sea que Stallone es un superastro incomprendido, incapaz de redimirse de sus antecedentes. Podría interpretar a Abraham Lincoln o a John Lennon, y de todos modos, todo el mundo seguiría pensando que es el tipo violento y belicoso de «Rambo». Por eso, no se atrevió a ser tan malo como el Carter del film inglés con Michael Caine (dirigido por Mike Hodges en 1970). Igual, no hay que engañarse: hace 30, 50 o 70 años, un paladín de la justicia de cualquier película hollywoodense podía despacharse a docenas de villanos sin pestañear. Hoy no.

De cualquier manera, lo cierto es que el título «El implacable» choca contra la piedad que el protagonista exhibe en un par de momentos clave de un policial que podría haber sido mucho mejor, pero que no es tan fallido como se podría pensar. Carter es un matón pariente de Terminator: nada lo detiene, y siempre vuelve a dar más palizas. Eso sí, es lo bastante civilizado como para profetizarles el futuro a los pobres infelices a los que está a punto de romperles los huesos: «hay gente que promete cosas que luego olvida, mi trabajo es devolverles la memoria».


Detalle

Uno de los infelices es el mismísimo Michael Caine, y éste es sólo uno de los detalles que, más allá de sus altibajos, hacen de «El implacable» un producto atractivo para los fans del cine negro. Mickey Rourke encarna a un villano ciento por ciento horripilante, y el soundtrack tecno es imperdible (el CD incluye los temas de Moby, Fatboy Slim y Paul Ockenfold, pero de todos modos no puede repetir el impacto de la inclusión de cada tema en el film).

El montaje y la fotografía, el buen elenco y la intensa dirección de actores también ayudan a olvidar la desubicada bondad de un personaje que debería ser un poco más implacable, aunque sea por respeto a los 1.754 rusos y afganos que Stallone liquidó sin misericordia en «Rambo 3».

Fuera de broma, lo cierto es que más allá de sus inevitables limitaciones, este policial siempre parece hecho con ganas. Si quedan dudas, basta señalar que la presencia de
Caine no es el único nexo con el film original: el director de fotografía, el cotizado Mauro Fiore, es el principal discípulo de Peter Suschitzky («La lista de Schindler»), hijo de Wolfgang Suschitzky, el iluminador austríaco responsable de la imagen de films de culto como «Ulises» y «Theatre of blood», además del «Get Carter» original.

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