20 de julio 2001 - 00:00

"Popular y clásico son la misma cosa"

Egberto Gismonti
Egberto Gismonti
"Cuando los músicos no tienen miedo, la música anda. Muchas orquestas, al encontrarse con la grafía de la música clásica, pero con otros lenguajes, se inhiben. Es todo una cuestión de ritmo. Con la Orquesta de Cámara Mayo, ha pasado exactamente lo contrario; son muy buenos técnicamente, y en apenas un ensayo han podido descubrir la esencia del folklore contenido en mi música. Cuando me invitan a tocar con una orquesta que no conozco, en algún país que tampoco conozco, pregunto antes que nada si la gente de ese lugar canta. Si es así, sus músicos podrán conectarse con mi música."

Así se expresó el brasileño Egberto Gismonti en charla con Ambito Financiero, apenas llegado al país y horas antes de su concierto con la orquesta argentina -mañana sábado-en el teatro Guido Miranda, de Resistencia. El prestigioso artista nacido en Carmo, un pequeño pueblo del estado de Rio de Janeiro, hace 54 años, llegó a nuestro país después de una larga ausencia. Su última visita había sido en 1996, cuando llegó a presentar su álbum «Zig Zag».

En principio, la actuación con la Orquesta Mayo iba a suceder en el marco del campamento «Tocar la vida», en la Isla del Cerrito -también en el Chaco-, donde iba a tener también a su cargo una clase magistral. Por problemas presupuestarios, el campamento se pospuso para setiembre. Sin embargo, Gismonti hará igualmente su concierto y su clase, pero en la ciudad de Resistencia.

«Vamos a hacer toda música mía, aunque podría llegar a hacer también algo de Villalobos o de Piazzolla. Vamos a tocar algunas músicas para piano y orquesta, «Infancia», «Sueños de muerte», «Forrobodó» y una canción muy nostálgica que se llama «A pala de paixao». Y, además, voy a tocar algunas músicas solo, para guitarra y para piano»
, dice.

Además de este concierto, Gismonti tocará en trío -con su hijo Alexandre en guitarra y Zeca Assumpçao en bajo-el viernes 27, en Montevideo; el sábado 28, en el hotel Sheraton de Buenos Aires; y el domingo 29, en Rosario. «La verdad es que todavía no sé qué haremos allí», dice. «Tenemos unas 30 músicas en el repertorio y de allí elegiremos unas 10 u 11. Pueden ser temas míos más o menos conocidos.»

Periodista: En relación con esa cuestión rítmica que usted mencionaba al principio, ¿está allí la diferencia entre lo popular y lo clásico?


Egberto Gismonti
: No creo que haya diferencia entre una y otra música. La única está en el punto de vista. En mí conviven todas las músicas al mismo tiempo. Y si no, pensemos en lo que pasaba en los siglos XVII o XVIII; en aquella época, esa diferencia no existía. En todo caso, lo que hay ahora es una música registrada fonográficamente, de difusión masiva, que comercialmente llamamos popular y otra que sigue manejándose fundamentalmente por la partitura. Cuando fui a estudiar con Nadia Boulanger, a principios de los '70, ella me hizo escuchar algo y me preguntó qué me evocaba esa música. Yo le dije que me parecía el estadio Maracaná lleno con la hinchada gritando. Resultó que era una obra de Penderecki en homenaje a los muertos de Hiroshima.

P.: No hay límites de interpretación.


E.G.:
Exacto. Si no hay otras referencias, cada uno puede sentir lo que quiera con cada música. Otra vez, en mi primer viaje a la India, un músico, con el que después he tocado, me llevó a un concierto. Después de un rato, me preguntó qué me parecía, y yo le contesté que era una música muy linda. «Qué suerte», me dijo, «porque todavía están afinando». Tanto brasileños como argentinos tenemos músicos que han atravesado esa frontera y la han hecho desaparecer. Heitor Villalobos y Astor Piazzolla llegaron a la calidad a través de la cantidad, un concepto muy despreciado en la música clásica, donde siempre se privilegia la calidad por sobre la cantidad. Por eso, esa división entre popular y clásico se hace muy borrosa; sobre todo en América latina, donde los lenguajes folklóricos están tan presentes en todo.

• Reflejo

P.: ¿Afectan los problemas sociales en la música?

E.G.:
Por supuesto que influye mucho en la música todo lo que nos sucede. A mí no me gusta hablar de partituras, de notas, de acordes. Creo que la mejor manera de hablar de música es refiriéndose a lo que nos pasa, en lo personal, en lo social, en lo cultural. A mí me importa más lo que me transmite una música que lo que está escrito.

P.: ¿Por qué, habiendo nacido en el estado de Rio de Janeiro, su música no circula por los caminos más estereotipados -la samba, la bossa nova-de la música de su país?


E.G.:
Simplemente, me siento más cómodo trabajando sobre otros lenguajes folklóricos, menos conocidos afuera, pero tan importantes como la música de carnaval o la bossa nova.

P.: Usted ha tocado con muchísima gente importante, de todos los géneros musicales. ¿Qué sensación le produce tocar con su hijo?


E.G.:
Toco con mi hijo y muchas veces también con mi hija en el bajo. Y créame que esa sensación de tocar con la familia no tiene comparación con nada. Me produce una inmensa alegría. Porque son muy buenos artistas, con una gran musicalidad; pero, además, se produce una comunión emocional que es imposible con otro músico.

P.: ¿Qué porcentaje de su música está escrito y qué otro es improvisado?


E.G.:
Lo improvisado no es más que 15%; sin embargo, yo sé que parece mucho más. Y, en ese sentido, creo que vale la pena recordar algo que aprendí de algunos amigos actores: «una función puede ser distinta cada noche, aunque el texto sea el mismo, repetido una y otra vez». Eso es lo que trato de que suceda con mi música.

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