27 de agosto 2008 - 00:00

"Por mi padre descubrí lo que es celar a una mujer muerta"

Alatriste: «Asícomo Onetti secreó unaSantamaría,que es unamezcla deMontevideo yBuenos Aires,para mi nuevanovela yo creéuna ciudad queune los dosextremos deAméricaLatina: Méxicoy BuenosAires».
Alatriste: «Así como Onetti se creó una Santamaría, que es una mezcla de Montevideo y Buenos Aires, para mi nueva novela yo creé una ciudad que une los dos extremos de América Latina: México y Buenos Aires».
Alatriste: «Así como Onetti se creó una Santamaría, que es una mezcla de Montevideo y Buenos Aires, para mi nueva novela yo creé una ciudad que une los dos extremos de América Latina: México y Buenos Aires».

Los celos de un viudo por lo que debe andar haciendo su mujer «en la otra vida», y sobre todo con el que fuera su compadre, ése que una vez le confesó: «tu mujer me gusta realmente», es el punto de partida de «Besos pintados de carmín», la nueva novela del prestigioso escritor Sealtiel Alatriste.

Alatriste editor, académico, narrador, periodista, cónsul de México en Barcelona, es desde hace décadas una de las figuras destacadas del universo cultural de su país. Le divierte recordar que su apellido y su figura alcanzaron nueva fama tras el pedido de un escritor español de usarlo para dar nombre a un aventurero de capa y espada, y que él le permitió a su amigo Arturo Pérez-Reverte que lo convirtiera en héroe de la saga del Capitán Alatriste. Para hablar sobre su nueva novela dialogamos con el autor de «Verdad de amor» en su breve visita a Buenos Aires.

Periodista: Dado su interés por el bolero, ¿esta novela es la historia de un amor como no hubo otro igual?

Sealtiel Alatriste: (Ríe) Hace años tenía interés de escribir una novela fantástica, pero como el tono de mis relatos es por lo general humorístico, no me encajaba lo fantástico y el humor. Pero recordé una experiencia personal por la cual descubrí que un hombre puede tener celos de su mujer muerta. Un día mi padre se despertó creyendo que mamá estaba con su antiguo rival, que era mi padrino, Gregorio. Me dijo: «Tengo que hablar con tu madre, acompáñame al panteón a hablar con ella, soñé que estaba con Gregorio». «Bueno, pero es un sueño», le dije yo. «No, es la realidad». Lo vi muy descompuesto frente a una situación que, desde afuera, a cualquiera le hubiera parecido cómica.

P.: Los ya clásicos celos retrospectivos.

S.A.: Pero con una muerta. Como a mi padre alguna vez le había confesado Gregorio que mi madre le gustaba, temía que ahora que estaban los dos muertos se hubieran encontrado «en la otra vida», como si esa otra vida fuera una continuación exactita de ésta. Era humorístico para mí, para él trágico. Pensé, sólo falta que me pidan ir a contactar a un medium para hablar con mamá. Ahí me dije, ése es el principio de una novela.

P.: Una novela que bordea y, a la vez escapa al realismo mágico. Tiene que ver con varios géneros diversos.

S.A.: Y, sobre todo, con mis lecturas de literatura argentina, con Cortázar, Arlt, Marechal, fundamentalmente. Está el tango y la Galería Güemes, como un rito de pasaje, entre dos mundos, como lo estableció Cortázar. Está el mundo del tango, que es muy el tono de la novela. Un tango arrabalero y que me permite andar por los ambientes de Manuel Puig, y por los bailarines de «El otro cielo» de Cortázar. Son homenajes al pasar no es meta literatura. El ambiente de la novela transcurre en un ambiente cotidiano pero fantasmal.

P.: ¿Por qué ese gusto por Buenos Aires?

S.A.: Estudié mucho ese mundo de la literatura argentina, que me gusta mucho. Originalmente la novela estaba situada en la ciudad de México, pero me di cuenta de que no me funcionaba como lugar, era una ciudad demasiado viva para mí para que ocurriera esa situación fantástica. Pero tampoco podía suceder en Buenos Aires, iba a sonar muy falso que situara aquí una historia. Y ahí me planteé crear una ciudad que fuera una mezcla de México y Buenos Aires, donde los personajes puedan moverse a su entero gusto. Así surgió la ciudad de Santomás.

P.: Que, a la vez, tiene relación con la Santa María de Onetti.

S.A.: Si Onetti se creó una Santamaría que es una mezcla de Montevideo y Buenos Aires, yo me puedo crear una ciudad que una los dos extremos de América Latina. Onetti unió las dos orillas del Plata, yo los dos extremos de nuestra América. Tras esa ciudad fantasmal y real, todo fluyó, la anécdota ya la tenía.

P.: ¿Qué era eso que ya tenía?

S.A.: Un año después de la muerte de Edelmira, su marido, Cástulo, con celos ultraterrenos, sospecha que su mujer que le fue fiel en vida, no lo es del otro lado y se ha liado con su difunto compadre Gregorio, y va a ver al chino Lee para que le facilite el acceso al mundo de los espíritus. Ahí Cástulo cita a su mujer en el cuarto del chino. Y ahí la mujer fantasma se escapa. Hasta ahí tenía. Imaginaba que Cástulo ya tenía otras mujeres, así que estaba en una situación supuestamente ideal, es un polígamo perfecto y es comprendido por la única que podría no comprenderlo, que es su mujer. Vivos y muertos comenzaban a interactuar sin problemas.

P.: ¿En qué medida su novela tiene, además, relaciones con el Jorge Amado de «Doña Flor y sus dos maridos»?

S.A.: Siempre pensé en «Doña Flor y sus dos maridos», pero al revés. Los dos amantes igual, pero donde la mujer es la que provoca sin vergüenza, la que vive la situación fantástica. «Besos pintados de carmín» al principio se plantea como la novela de Cástulo, que es el protagonista y va a contar su vida erótica. Me había planteado como tema: ¿cómo una pareja se cuenta su vida erótica? Eso tiene que ser al final, después de la vida. Porque si no resulta una cosa perversamente amistosa: «mira, ya somos amigos, vamos a contarnos en las que anduvimos». Pero en mi novela quería que siguiera viva la pasión. Ahí me di cuenta de que la historia más importante era la de Edelmira, la de ella, y entonces la historia poco a poco comenzó a girar, va pasando del lado del fantasma. Va cambiando de escenario. Se va internado en ese Pasaje Güemes que da al otro lado, que no es París como en Cortázar. El mío es un pasaje que nadie quiere atravesar, yo me quedo de este lado.

P.: Esa etapa final donde todo se transforma, ¿lo planeó desde una perspectiva sentimental?

S.A.: Era una historia de celos hasta que Cástulo se enfrenta a la verdad de la vida de su mujer, pierde los celos y pasa a la comprensión y a un amor trastornado, como era al principio: un amor mas fuerte que la vida, como el del « Romance del prisionero». Ahí Cástulo comienza a ver algo a lo que nunca le había dado valor,y es algo que dice al principiocasi como una boutade, que siente que tiene alma de sexo femenino, que no lo entiende pero se deja llevar por él porque le va muy bien. De pronto comienza a ver con claridad el peso que esto ha tenido en su vida. Y ahí no hay una idea metafísica ni ética, es pura estética como en toda novela fantástica donde lo que importa es el puro juego de la literatura.

Entrevista de Máximo Soto

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