14 de marzo 2007 - 00:00
Por qué Vargas Llosa golpeó a García Márquez hace 31 años
Hace 31 años un directo al ojo del Nobel colombiano zanjó nueve años de estrecha amistad entre dos titanes de la literatura. ¿Envidia? ¿Diferencias ideológicas? En el 80 cumpleaños de García Márquez, Dasso Saldívar -autor de «Viaje a la Semilla», la biografía más importante dedicada al autor de «Cien años de soledad»- desentraña en el siguiente texto el origen de la pelea.
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La foto que
le tomó a
García
Márquez su
amigo
Rodrigo
Moya a dos
días del
famoso
puñetazo
que le diera
Vargas
Llosa, y que
acaba de ser
publicada
por primera
vez por el
diario
mexicano
«La
Jornada».
Otros sostienen que fueron las divergencias ideológicas, que llevaron al peruano a abjurar de la izquierda latinoamericana y del castrismo, lo que empezó a erosionar su relación. Pero aunque pudo haber sido un elemento coadyuvante, no explica por sí solo el cruento puñetazo.
Todo parece indicar que el distanciamiento definitivo se debió a un problema, real o inventado, de faldas y de celos. Pero aquí entramos en un terreno de arenas movedizas, donde no estamos seguros de dar ningún paso en firme.
La leyenda, o una de las leyendas, dice que, tras dejar Barcelona y regresar a Perú a mediados de 1974, Vargas Llosa conoció y se enamoró locamente de una mujer que iba en el barco en el que él viajaba con su mujer, Patricia Llosa, y sus hijos. Poco después, el peruano dejó a su familia y se fue a Estocolmo a vivir con la azafata sueca el amor más desaforado de su vida, tanto que se olvidó hasta de la literatura.
Mientras, Patricia regresó con sus hijos a Barcelona, y los García Márquez se convirtieron en su paño de lágrimas. En algún momento, mientras departían solos en la cafetería de algún hotel barcelonés, Patricia le pidió un consejo a García Márquez sobre si creía que debía separase de su marido, después de lo que le había hecho. Según versiones próximas al colombiano, éste le dijo que si creía que debía hacerlo que se lo planteara claramente a su esposo cuando volviera, pero que no se precipitara. Versiones próximas al peruano sostienen que esa noche ocurrió lo peor (o lo mejor), lo que Vargas Llosa habría de considerar como la gran traición de su amigo.
Lo cierto es que, cuando el marido fugado volvió a casa y los esposos se reconciliaron después de una pelea monumental, Patricia se sacó la enorme y vengativa obsesión que había estado incubando en su corazón, echándole en cara a su marido que ella, Patricia Llosa, tampoco había perdido el tiempo, pues había estado «con tu gran amigo Gabo». Vargas Llosa tomó las palabras de su mujer al pie de la letra, según lo dictaba el contexto, y durante más de un año en que no se vio con García Márquez fue alimentando la rabia del marido celoso, hasta ese día ingrato del 12 de febrero en México.


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