Las protagonistas de «Princesas» son dos
prostitutas, pero el film casi no tiene escenas
de sexo ni esas imágenes fariseas
para disimular el voyeurismo detrás de la
«denuncia moral».
«Princesas» (España, 2005, habl. en español). Guión y dir.: F. León de Aronoa. Int.: C. Peña, M. Nevárez, I. Barrera, A. Durán, M. Cordero, V. Pérez, M. Van Campen.
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A Cayetana le dicen Caye. Es un apócope, pero le calza justo. Muchacha tipo treintañera, flaca, sin mayor atractivo que el de estar disponible, Caye hace la calle. De un modo discreto, eso sí. Nada de revolear la carterita ni esas cosas.
Simplemente está ahí, y además atiende el celular. Es una mujer seria, podría decirse medio amarga, que trabaja en eso, y punto. No lo disfruta, no es su profesión, apenas un trabajo. Su familia no lo sabe.
Zulema, en cambio, es una morocha atractiva, que se hace notar del otro lado de la plaza seca donde cada una se coloca. Su cara es suave, aunque evidencia el dolor. Está sola, sin papeles, en un país ajeno, lejos de su hijito, y en manos de un funcionario estatal que se aprovecha de su situación para sacar un mezquino provecho. Ella sigue adelante, porque no tiene otra. No va a volver derrotada. Y su familia tampoco tiene que saber de dónde consigue ella el dinero que manda a casa.
Esos son los personajes, dos mujeres lógicamente rodeadas por amigas y colegas, y también hostigadas por clientes burlones, competidoras, etc. Ellas mismas, primero chocan, luego se hacen amigas. En suma, pequeñas alegrías e ilusiones, complicidades, humillaciones, la lucha diaria, conflictos familiares, y mucho ánimo para seguir adelante. Incluso para animarse a uno o dos cambios importantes en sus vidas.
Detalle singular, aparecen muy pocas escenas de sexo, y tampoco abundan esas imágenes medio fariseas, que suele haber cuando el voyeurismo pretende disimularse detrás de la «denuncia moral». Es más: si uno entra tarde al cine, tardará un buen tiempo en saber cuál es el trabajo de estas mujeres. Lo que al autor le interesa, es simplemente que son dos trabajadoras más o menos como cualquier otra.
El autor es Fernando León de Aronoa, el mismo de «Los lunes al sol». Vale decir, un buen narrador, que sabe captar y representar con sentido realista, e incluso con algún sentido del humor, la vida cotidiana de la gente común. Candela Peña, un poco desangelada, y Micaela Nevárez, linda debutante, muestran que él es, también, un buen director de intérpretes.
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