27 de agosto 2002 - 00:00

Puerto Madero viaja a Bienal de Venecia

Puerto Madero
Puerto Madero
Alberto Gerchunoff escribió hace más de setenta años: «El pueblo de Buenos Aires empieza, con sus visitas a la Costanera, a tener la emoción del río. Dejamos de ser de tierra adentro para volvernos gente con dilatada comprensión de la distancia, como si esa inabarcable latitud de agua fuera una ruta que nos pusiera en contacto con el universo. ¿Cómo si fuera, digo? Es, efectivamente, la ruta que se proyecta sobre el mundo y a través de la cual vino el mundo hacia nosotros». Creemos que el emprendimiento (o Water front) de Puerto Madero recupera para siempre esa emoción del río.

Por ello, es uno de los proyectos que el Museo Nacional de Bellas Artes va a presentar en la próxima Bienal de Arquitectura de Venecia, que se inaugurará en esa ciudad el 7 de septiembre. Los otros proyectos son de los de los arquitectos Carlos Berdichevsky-Rubén Cherny; Martín Bodas-Rodolfo Miani-Alejandro Anger; Carlos Casano-Alfredo Zubillaga-Juan Carlos Poli; Bernardo Dujovne-Silvia Hirsch; Sara Gramática-Jorge Morini-José Pisani-Eduardo Urtubey; Miguel Lama-Oscar Soler; Flora Maneola-Javier Sánchez Gómez-Josefina Santos-Justo Solsona-Carlos Sallaberry; Carlos Mariani-María Pérez Maraviglia; César Pelli; Miguel Angel Roca; Clorindo Testa y Gustavo Vilariño.

El rescate y transformación del antiguo Puerto Madero es sin duda el más importante de la segunda mitad del XX en la historia de la Argentina, pues no sólo atañe a la faz urbanística y arquitectónica de Buenos Aires -si acaso es necesario seguir separando esos dos términos-, sino también a su vida social y a su imaginario cotidiano.

•Historia

El 27 de marzo de 1887, en la Isla Demarchi, se hizo la inauguración simbólica de los trabajos del Puerto Madero. El Puerto de Buenos Aires costó 35 millones de pesos oro (7 millones de libras esterlinas), el doble de lo presupuestado. Pero otro costo fue la pérdida del río para la ciudad, a lo largo de su frente Este; y el desmedro del Puerto del Riachuelo, que cedió un sector a la Dársena Sur y se verá limitado a las funciones de cabotaje. Sin embargo, el Dock Sur (1895-1904), construido en territorio de la Provincia (Avellaneda), vino a reivindicar la orilla meridional del Riachuelo. Pero a poco de terminado, ya no alcanzaba el Puerto Madero.

Hacia 1902 empezaron los estudios y las consultas, y seis años después, el 29 de setiembre de 1908, el Congreso sancionó la Ley 5944, que destina 25 millones de pesos oro (5 millones de libras) a la ampliación del Puerto Madero. Se trató en suma, de construir un Puerto Nuevo, y así fue conocido, aunque ha de llevar el nombre de Huergo, desde Retiro hasta la calle Salguero; fue construido, como el anterior, por Walker & Co., entre 1911 y 1919, y los trabajos culminaron en 1926. Un nuevo trecho del río desapareció así del horizonte urbano.

El Balneario Municipal y la Costanera Sur (hasta la avenida Belgrano), inaugurados en 1918, ayudaron a recobrar en parte la visión del río, que fue ampliada en 1925-27 con la prolongación de la Costanera Sur hasta Viamonte; y en la segunda mitad de la década del 30, con la apertura de la Costanera Norte. Pero la decadencia del Balneario trajo el abandono de la Costanera Sur hacia fines del 50, desarticulando uno de los espacios recreativos más populares de la ciudad. Más tarde, el rellenado (Ciudad Deportiva; Parque Natural y Reserva Ecológica, de 1986) distanció al extensísimo Río de la Plata, aun cuando su propósito era el de acercarlo a la gente.

Similar situación se dio en la Costanera Norte: los terrenos ganados al río no han sido sino pérdidas de la ciudad entera en su horizonte fluvial.

La urbanización de Puerto Madero (el barrio 47° de Buenos Aires) se inició con los edificios de la UCA (Docks 10 y 11),
Enrique Altuna; el Dique 1 ( Dock 13) y Puerto Viamonte (Docks 1 y 2), del Estudio Peralta Ramos SEPRA el Dock 5, de Juan Carlos López, Dujovne-Hirsch, y Manteola, Sánchez Gómez, Santos, Solsona y Sallaberry; el Dock del Plata (Dock 3), de Patricia Arturi; Lofts de Madero (Dock 7) y Paseo del Puerto (Dock 8; construído a nuevo), de Baudizzone-Lestard-Varas; Costas del Plata (Dock 14) y Puerto Santo ( Dock 15), de Dujovne-Hirsch; y el Paseo Peatonal Juana Manuela Gorriti (Banquina de todo el espacio), de Hampton-Rivoira, que corre entre los ex galpones y los diques.

La segunda etapa, al este de los cuatro diques, implica 48 hectáreas de edificación y 45 de parques, paseos y calles. La rehabilitación de los abandonados galpones del Puerto Madero es, desde el punto de vista arquitectónico, una manera de «hacer ciudad», pero también supone, en términos sociales y culturales, una transformación de identidades. No sólo se trata de reparar edificios deteriorados, como si fueran apenas monumentos o estatuas, sino de dotarlos de nueva vida: el pasado, así recibe futuro, y la ciudad crece en el tiempo y se afianza en el espacio. Además de los reconvertidos almacenes del Puerto Madero -que ahora albergan oficinas, viviendas, aulas universitarias, restaurantes, cafés y cines-, le siguen obras de otros arquitectos argentinos que conforman lo que hemos llamado a principios de los 80´s Escuela de Buenos Aires. Cien años después de ser habilitada la Dársena Sur, primera parte de esta obra demorada durante tres siglos, comenzaba, en noviembre de 1989, el proceso de reconversión al establecer la Corporación Antiguo Puerto Madero, una sociedad anónima formada por el Estado Nacional y la Municipalidad de Buenos Aires. Es el mayor y más ambicioso proyecto de desarrollo urbano en la historia del país.

•Le Corbusier

Fue Le Corbusier, en 1929, el primero en auspiciar la anulación del Puerto Madero, idea reiterada en el Plan Director de Buenos Aires, elaborado en 1938 con los arquitectos argentinos Jorge Ferrari Hardoy y Juan Kurchan, y difundido entre nosotros en 1947. Sin embargo, ninguna de las propuestas se materializó. La agonía del Puerto Madero fue ahondándose, hasta convertirlo en una especie de fantasma, tanto la Costanera como el Balneario.

El establecimiento de la Corporación fue y será, entonces, el nervio recuperador de las 170 hectáreas que corresponden al puerto. Es la reacción ante la impostergable necesidad de recuperar el río para la ciudad. La idea fue recomponer el carácter del área, preservando su fuerte poder evocativo, con inclusión de la Costanera Sur; ofrecer alojamiento a actividades terciarias (oficinas y servicios comerciales y culturales) y viviendas, que necesitaran ubicación central o no encontraran en el resto de la ciudad la superficie y el contexto ambiental adecuados. La idea en síntesis de este gran proyecto urbano fue que actuara como puerta de entrada a la ciudad para incorporar al uso y el disfrute de los habitantes, un Parque Natural y la Reserva Ecológica, y reconquistar una nueva aproximación al río.

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