20 de enero 2001 - 00:00

Raúl Rizzo vuelve a "El hombrecito"

Raúl Rizzo.
Raúl Rizzo.
(19/01/2001) Raúl Rizzo acaba de estrenar en el teatro Del Nudo (Corrientes 1551) una nueva versión de «El hombrecito» de Carlos Pais y Américo Torchelli, junto a Jorge Ochoa. Rizzo ya protagonizó la obra en el Teatro Nacional Cervantes hace poco más de ocho años, cuando la pieza fue premiada con los premios ACE y María Guerrero. En aquella oportunidad compartió cartel con Osvaldo Bonnet y fue dirigido por Osvaldo Pelletieri. Pero, ahora, alentado por los autores de la pieza, Rizzo decidió encargarse también de la dirección, un rol que ya había ejercido durante Teatro Abierto.


Periodista: ¿Qué le interesó en el planteo de la obra para volver a protagonizarla y hasta dirigirla?

Raúl Rizzo:
La importancia de llevar adelante aquellas cosas cercanas a nosotros que muchas veces no nos permitimos hacer. En la obra se trata de cantar pero ésa es la excusa para mostrar que hay cosas que elegimos y que nos permitirían gozar de un momento de plenitud, pero que por distintas circunstancias vamos postergando.

P.: Su lectura implica un gran optimismo.


R.R.:
Yo creo que el público hoy puede involucrarse mucho más con este material que hace 8 años cuando la estrenamos. Es un optimismo basado en posibilidades reales. La gente ya no cree en el poder político o económico ni en la quimera o sueños de hace 20 o 30 años. Se siente alejada de este tipo de proyectos en los que no puede hacer nada salvo ocu-parse de sus vínculos más cercanos. Hoy la gente busca pequeños emprendimientos que pueda realizar en comunidad y en su barrio. Y esto se liga con lo que plantea la obra.

P.: Usted es muy riguroso con las obras que elige. Ha protagonizado piezas de Ricardo Monti, Roberto Cossa, así como autores clásicos. ¿No tuvo temor cuando le ofrecieron el rol de gay en «Primicias»?


R.R.:
Tenía muchos temores de cómo iba a resultar eso, sobre todo por los antecedentes que había visto en televisión, siempre abusando de la machietta y con una sobreactuación espantosa. Como si con eso los actores mostraran el cartelito: «ojo que yo no soy así». Pero yo me propuse todo lo contrario: no «hacer de» sino «ser él», a fondo, con todas sus facetas, porque se trataba de un periodista. Era una especie de César Mascetti.

P.: Es sabido que usted hizo muchas sugerencias y que hasta llegó a modificar partes del guión. ¿Quería que su personaje además de auténtico fuera querible?


R.R.:
No me propuse nada de eso. El gran objetivo era que la gente lo aceptara. Yo tenía miedo de que al salir a la calle recibiera una catarata de insultos, de que algún camio-nero me gritara «trolazo» o algo así.

P.: ¿Usted cree que la proliferación de este tipo de personajes en TV ayuda a derribar prejuicios?


R.R:
Sin duda. Ayuda a que la gente se abra y mi expectativa estaba en colaborar un poco en ese sentido.

P.: ¿Qué ayuda más en ese sentido? ¿Un personaje serio como el suyo o un actor que asuma públicamente su condición de homosexual, como lo hizo Fernando Peña?


R.R.:
Noooo, lo de Peña me parece un panfleto. Lo que él hace es militancia y es ahí donde no estoy de acuerdo. Cuando trabajé en «Primicias», algunos de mis compa-ñeros de peluquería y vestuario, que eran homosexuales, me pedían que aprovechara mi personaje para bajar línea. Yo me negué a hacerlo.

P.: ¿Por qué?

R.R.: Porque su postura me parecía tan extremista como la de aquellos que condenan a los homosexuales.

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