"Reencuentro" a la catalana

Espectáculos

«Remake» (id., España-Argentina, 2006; habl. en español). Dir.: R. Gual. Int.: J. Diego, M. Morán, S. Munt. E. Poncela, M. Paolucci y otros.

La coproducción argentino-española «Remake» se adscribe a ese género que, más de veinte años atrás, empezaron a consolidar guionistas norteamericanos o ingleses en películas como «Reencuentro» de Lawrence Kasdan o «Los amigos de Peter» de Kenneth Branagh. Esto es, el cine del desencanto, el de la reunión de antiguos amigos durante un largo, y desde luego intenso fin de semana, a los fines de que se advierta cómo el tiempo obró sobre viejos ideales, antiguos amores, ideologías y sueños generalmente rotos. El corrosivo paso del tiempo, en fin, el «Que reste-t-il de nos amours?». El catalán Roger Gual es un cineasta y guionista joven, al igual que su colibretista Javier Calvo. Como ninguno de ambos padece aún, más allá que conceptualmente, el síndrome de la nostalgia, se entiende que hayan planteado una historia que une a dos generaciones: la de los padres ex-hippies, y la de sus hijos que ya accedieron a la edad del reproche y la rebelión. En el festival de Mar del Plata, Gual explicó que, de niño, él vivió en una de las «comunidades» como las que pinta en el film.

Pero, a diferencia de los films mencionados al comienzo, «Remake» es una película donde tiene más peso la idea rectora que el interés que puedan generar de por sí sus situaciones. Es un film algo desprolijo, más expositivo que auténticamente dramático, que se deja ver aunque difícilmente despierte simpatías o afinidades con algunos de sus personajes.

La reunión es convocada por el más patético de todos, Max (Mario Paolucci) en una «masía» (casa de campo típicamente catalana), donde en los setenta todos ellos vivían en comunidad. Max es el único que mantuvo esos « principios», y naturalmente es una ruina viva. Los demás se han amoldado a los beneficios de la vida burguesa, y la ruina la esconden como pueden.

Además de los testimonios y recuerdos, hay antiguas películas en super 8 donde se los ve viviendo esa vida artesanal «liberada», por lo común en desnudez inclusive delante de los hijos, quienes ahora tienden a abominar de esa crianza. Naturalmente, haber tenido padres «antisistema» no les garantiza a éstos una relación desprejuiciada con sus hijos. Todo lo contrario.

Juan Diego, Mercedes Morán (siempre notable actriz, aunque no le sienta que la hayan hecho hablar en español y no en argentino), Eusebio Poncela y el mismo Paolucci son los mejores de un reparto en el que los maduros demuestran un oficio del que carecen los más jóvenes, a quienes encima les tocó la parte menos interesante del libro.

M.Z.

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