Mujeres, dinero y poder, eran los principales deseos del famoso caballero veneciano Giacomo Casanova, aquel libertino que hasta el propio Federico Fellini llevó al cine, con Donald Sutherland. A veces tuvo mujeres y dinero, a veces solamente mujeres, y un día empezó a tener también “cierta edad”, esa edad en que la fuerza de seducción disminuye, comienza el otoño y se impone el balance agridulce de la vida.
Regresa Casanova, ese libertino veneciano que nunca deja de amar
Toni Servillo, el gran actor italiano, lo interpreta en esta versión que dirigió el ganador del Oscar Gabriele Salvatores, y que, sin pasar por los cines, podrá verse desde el viernes en el canal Europa Europa.
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Toni Servillo en los dos papeles que interpreta en "El retorno de Casanova".
¿Pero qué pasa si unos ojos desafiantes despiertan de nuevo el instinto cazador? De eso trata “El retorno de Casanova”, que el canal Europa Europa estrena el viernes, protagonizada por Toni Servillo, uno de esos veteranos de buen porte y mirada cómplice que enriquece cualquier película donde actúe.
“El retorno de Casanova” se inspira libremente en una novela de Arthur Schnitzler, de la que ya hubo otras versiones, una de ellas protagonizada por Alain Delon a los 62 años. Pero en la que ahora veremos se suma una trama paralela. Por un lado, lo que cuenta Schnitzler: un camino de regreso sin gloria, una apuesta, una mujer engañada, un militar que se declara ofendido por el viejo galán.
Por otro lado, un director que decide filmar esa historia, al tiempo que está viviendo algo parecido a lo que vive su personaje, con parecida insensatez pero quizá con otras consecuencias. Pequeña convención: las escenas referidas a Casanova están filmadas en color, y las del director que ya está pensando en el retiro son en blanco y negro. Junto a Toni Servillo actúan Fabrizio Bentivoglio, Sara Serraiocco, Bianca Panconi. Realizador, Gabriele Salvatores, otro veterano, Oscar 1992 por la tragicomedia “Mediterraneo”.
El sexo en Viena
Quizás el nombre de Arthur Schniztler suene conocido. Es natural, “Ojos bien cerrados”, de Stanley Kubrick, con Tom Cruise y Nicole Kidman, “El ángel desnudo”, de Carlos Hugo Christensen, con Olga Zubarry a los 16 años, son algunas de las muchas películas inspiradas en sus novelas y obras de teatro.
Nacido y criado en Viena, médico amigo de Sigmund Freud, escritor varias veces censurado y hasta prohibido a comienzos del Siglo XX en media Europa, Arthur Schnitzler supo escarbar en las secretas inquietudes y obsesiones sexuales de la gente de su época, en especial las mujeres de su época.
Un ejemplo, “La ronda”, irónica sucesión de amantes admirablemente llevada al cine por el maestro Max Ophüls, un exquisito, y menos admirablemente por Asta Nielsen, Roger Vadim, Fernando Meirelles, Anthony Hopkins, incluso hay un bodrio erótico ochentoso, “Noches de New York”, inspirado en “La ronda”, y otro japonés, casi porno.
Luego, “La señorita Elsa”, drama de una jovencita inocente que, para pagar las deudas de su padre, debe mostrar su cuerpo a un tipo libidinoso. La encarnaron Elisabeth Bergner, Romy Schneider, y acá, como “El ángel desnudo”, Olga Zubarry en 1946 y María de los Angeles Medrano en 1971 (para un capítulo de “Alta Comedia” dirigido por Alejandro Doria, cuando la televisión abierta de la Argentina era otra cosa). Difícil olvidar a los perversos que querían aprovecharse de la chica. Tenían los rostros inolvidables de Curd Jurgens, Guillermo Battaglia, Lautaro Murúa.
Y luego, entre comedias y dramas, “Liebelei” (también en este caso la mejor versión es la de Ophüls), “Los asuntos de Anatol”, “La señora Berta Garlan”, “Literatura” (dos ex amantes escriben sus respectivas memorias de una misma experiencia), “Mitzi”, “El profesor Bernhardi”, y, por supuesto, “Traumnovelle”, pesadilla donde un profesional respetado descubre que su esposa tiene ciertas fantasías no demasiado íntimas (y que podría concretarlas).
De esta obra hay por lo menos tres versiones: la austríaca con Erika Pluhar, la italiana “Ad un passo dall’aurora” con Adriana Russo, y la versión libre de Stanley Kubrick, que no será la mejor pero es la más vistosa, y la más vista.



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