21 de septiembre 2004 - 00:00
Retrato de un asesino
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Periodista: ¿Cree que su film ayudará a mejorar la vida de Garfia en la cárcel?
Manolo Matji: Lo dudo. Aunque desde 1991 no ha tenido el menor problema de conducta, nunca le han dado un permiso de salida, ni siquiera para ir con vigilancia al bautismo de sus hijos. Y ahora menos, porque ha vuelto a la fama, y ningún juez querrá salir en los diarios por causa suya.
P.: Antes del cine, ya había vuelto a la fama.
M.M.: Sí, como escritor de «Adiós, prisiones», un libro sobre el arte de la fuga, lo que no ayudó precisamente a mejorar su vida en prisión. Nosotros lo leímos, y quisimos recrear algunas de las más ingeniosas escapadas que ahí cuenta. Fue entonces cuando, al pedir un permiso para entrevistarlo, nos enteramos de la otra historia, la que vive su esposa Marimar de este lado de las rejas, y que le ha permitido a Garfia una manera de fugarse, muy especial. «Yo, de aquí, ya estoy afuera», dice él, tocándose la cabeza. Pero seguirá adentro, esperando inútilmente la posibilidad de demostrar si está rehabilitado.
P.: ¿Por qué mató a esa gente?
M.M.: Ni él mismo lo sabe, ni Jesús Valverde, el único psiquiatra que se ha detenido a ver quién era ese muchacho. Nuestra historia comienza con las muertes, porque nos ponemos del lado de las víctimas, y porque debemos constatar que, cuando un hombre mata a otro, también se está matando a sí mismo como hombre. El acepta ahora las consecuencias de su vida asocial, y está pagando por ello. Pero entre el cumplimiento absoluto de las penas, que son acumulativas, y el perdón, que no pide y que nadie piensa darle, también está el derecho a una vida menos brutal que la que lleva, siendo trasladado periódicamente de una cárcel de castigo a otra. Una vez pudimos entrevistarlo durante seis horas. Necesitaba saber de su época de hombre conflictivo enfrentado al sistema. «Mira, Juanjo, necesito saber lo que pasó esa noche».Y lo contó. Tragó aire, y lo fue contando muy lentamente. Después quedamos en silencio, un rato largo. De lo siguiente que empezó a hablar, siempre me acuerdo, fue de las Navidades en su casa, cuando era niño. Eran hermosas, y él mismo las convirtió en un infierno.
P.S.




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